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Colosos de Memnón

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Tipo: Estatuas

Categoría: 18

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Voto:

Ratio 1/5 (1 Voto)

Continente: Europa

País: Egipto

Localización: Medinet Habu

Año: -1400

Estado: Terminado

Descripción:Situados en las proximidades de Medinet Habu, los colosos de Memnón son los unicos restos visibles del templo funerario de Amenhotep III que se encontraba en la zona. Las estatuas, de unos 18 metros de altura, presidían la entrada monumental del templo y fueron talladas sobre bloques traídos expresamente desde Gebel el-Ahmar por orden del arquitecto del templo, Amenhotep hijo de Hapu. Están orientados hacia el este y son representaciones del rey Amenhotep III. A ambos lados están representadas la reina Mutemuia y la esposa Tiyi.

Los colosos son famosos desde la antiguedad por que el del lado derecho, llamado coloso parlante, tenía la particularidad de emitir un sonido al salir el sol. Los griegos, y más concretamente Estrabón , , detectaron este fenómeno y dieron lugar a la leyenda. Se decía que este coloso era la imagen del mítico guerrero Memnón, hijo de la Aurora, muerto en un enfrentamiento con Aquiles, y cada mañana saludaba con un gemido la aparición de su madre por el horizonte. El fenómeno real es que tras el terremoto del año 27 d.C. se desmoronó la parte superior de la estatua, provocando una grieta hasta la cintura, y el calentamiento de la piedra con los primeros rayos de sol hacía que esta emitiese ese sonido característico. El lugar se convirtió en motivo de peregrinación de ilustres viajeros que llegaban hasta las estatuas para observar el fenómeno, dejando, muchos de ellos, grabadas sus impresiones sobre el zócalo, como el emperador Adriano y su esposa Sabina. El coloso "cantó" hasta la restauración ordenada por Septimio Severo a principios del siglo III.

http://www.egiptologia.org/geografia/colosos_memnon.htm

Los colosos de Memnon

En el vasto llano que se extiende alrededor de Tebas, entre el Nilo y el Valle de los Reyes, pueden admirarse los vestigios de la ave­nida monumental que conducía al templo de Amenofis III. Des­graciadamente ya el templo no existe y los que quedan son los así llamados "Colosos de Mem-nón".

Trátase de dos estatuas gigan­tescas, altas 20 metros, de las que sólo los pies miden 2 metros de largo por 1 metro de ancho. Labradas en bloques de gres monolíticos, las estatuas repre­sentan al faraón sentado en su trono, con las manos descan­sando en las rodillas. La situada más al sur, aunque muy deterio­rada, parece sin embargo haber sufrido menos que la otra, a la que se refiere una leyenda. Cuéntase que en 27 a. de J.C. un terrible terremoto arrasó Tebas, causando estragos en la mayor parte de sus monumentos, tanto así que el coloso quedó partido de arriba hasta la cintura, derrumbándose. Por el contra­rio, algunos historiadores atri­buyen los daños al vandalismo del rey Cambises, y esto parece más creíble, ya que Egipto nunca ha sido tierra de terre­motos.

Así y todo, desde entonces todas las mañanas, a la salida del sol, la estatua dejaba oir un sonido vago y prolongado en que algu­nos viajeros creyeron reconocer un canto triste pero armonioso. Este hecho extraño, atestiguado por historiadores tan famosos como Estrabón, Pausanias, Tácito, Luciano y Filostrato, inspiró una hermosa leyenda a los poetas griegos. Contaron ellos que "la piedra que canta" representaba a Memnón, hijo mítico de la Aurora y de Titón, rey de Egipto y Etiopía. Enviado por su padre en socorro de Troya sitiada por los Griegos, se cubrió de gloria matando en combate a Antiloco, hijo de Néstor, pero pereció a su vez bajo la mano vengadora de Aquiles. La Aurora, en lágri­mas, suplicó entonces al pode­roso Júpiter que resucitara a su hijo al menos una vez al día; y he aquí que todas las mañanas, en tanto que la Aurora acariciaba a su hijo con sus rayos, él respon­día a su inconsolable madre dejando oir este sonido largo y lamentoso.

LOS COLOSOS DE MEMNON EN EGIPTO

Por muy poética y fascinadora que pueda presentarse esta leyenda, el fenómeno en reali­dad tenía causas del todo natu­rales. Los sonidos se debían a las vibraciones producidas por las grietas, cuyas superficies pasa­ban bruscamente del frío de la noche al calor de los primeros rayos del sol.

Por otra parte, la historia parece confirmar esta explicación cien­tífica , pues ningún escritor ante­rior a Estrabón habla de la "voz" del coloso de Memnón, y todos los que de ella dan testi­monio son escalonados entre la fecha en que el coloso se quebró y la de su restauración por Septi-mio Severo.

En el curso de los siglos numero­sas y a veces curiosas inscripcio­nes se han grabado en las piernas del coloso.

http://culturaegipcia-online.blogspot.com/2007/11/los-colosos-de-memnon.html

http://touregypt.webs.com/aboutegypttours.htm

http://www.sacred-destinations.com/egypt/luxor-colossi-of-memnon.htm

http://www.coulouris.net/george-jean/Egypt2001/LuxorWest.html

http://www.imagesofanthropology.com/Egypt_Ancient_and_Modern_Page_4.html

Los colosos de Memnon (Egipto)

De camino a las necrópolis reales del Imperio Nuevo se alzan dos figuras del faraón Amenhotep III desgastadas por el tiempo. Los griegos le dieron el nombre de colosos de Memnon: el hijo de la aurora. La leyenda contaba que al amanecer, Memnon lloraba su muerte en la guerra de Troya ante su madre. Estas estatuas son los últimos vestigios del templo funerario del faraón y precedían al primer pilono que flanqueaba la entrada. La construcción del templo se debió a su arquitecto favorito: Amenhotep hijo de Hapu, a quien el faraón como muestra de gratitud por su labor constructora le permitió edificar su propio templo funerario en Decir el-Bahari.

La fama de este arquitecto fue tal que en épocas posteriores se le llego a rendir culto como divinidad sanadora, si bien es verdad que su caso no fue el único en Egipto: en el imperio antiguo, el edificador de la pirámide escalonada del Saqqara, recibió ese mismo tratamiento. El templo desapareció debido a su ubicación y los materiales empleados. El hecho de que estuviera en la llanura que el Nilo inundaba anualmente, hizo que se disgregase paulatinamente el ladrillo crudo del que estaba hecho. Además en épocas posteriores el templo fue usado como cantera para otras construcciones.

El viajero italiano Juan Bautista Belzoni (1778-1823) llego a Egipto en 1814 para fabricar una maquina hidráulica que mejorara la irrigación de los campos. El gobernador de Egipto no acepto el ingenio. Pero Belzoni no se resigno a quedarse sin obtener ningún beneficio de su viaje y aplico su saber a otra empresa: trasladar grandes estatuas. El colosal monumento escogido para probar fortuna fue el busto de Memnon que se encontraba en el lugar que los franceses llamaron Memnonium y que era el Rammeseum.

A ambos lados del trono aparecen grabados diversos temas referentes a la realeza, como el Sema-Tauy. Las diosas protectoras de la monarquía ceñían la cabeza deMemnon.

Los colosos iban tocados con los nemes (típico de los faraones). En la antigüedad, el coloso más septentrional emitía un sonido parecido al llanto. Junto a una de las piernas de Amenhotep III aparece la estatua que representa a su madre, Mutemuya.

Los visitantes contemplaban asombrados la altura de estas imponentes moles de piedra de 16,6 m.

En la construcción de los colosos se emplearon 2 bloques de cuarcita. Por su composición mineral, se deduce que no provenían de Tebas, sino de una cantera situada cerca de lo que en la actualidad es el Cairo y que fueron trasladados hasta su actual ubicación. El método de transporte de los bloques aun no es muy conocido, aunque si tenemos en cuenta un medio de transporte utilizado en la dinastía XII supondríamos que los bloques fueron transportados en una barca rio arriba y que una vez desembarcados se cargaron en unos trineos que los llevaron hasta su actual emplazamiento.

Un seísmo en el año -27 destruyo el busto del coloso septentrional. A pesar de su deterioro, las estatuas siguieron atrayendo a muchos viajeros. A la salida del sol, las grietas provocadas por el terremoto se dilataban produciendo un sonido similar al llanto. Este fenómeno llego a ser tan celebre en la antigüedad que atrajo a numerosos historiadores, geógrafos e incluso emperadores que dejaron constancia de su visita en libros o estampando su rubrica en las estatuas. En el siglo II de nuestra era, una restauración callo para siempre los llantos, pero no por eso se resto majestuosidad a los colosos

Las majestuosas estatuas del faraón Aamenhotep III han perdido partes importantes de su conjunto debido a la erosión, la acción del hombre, los seísmos y la acción constante de agentes meteorológicos que ha ido alisando su superficie. Con todo, el entorno natural es tal vez lo que más se ha alterado.

©Foro Egipto

http://egiptomaniacos.top-forum.net/t1519-los-colosos-de-memnon

http://damadenegro.wordpress.com/2012/02/22/los-colosos-de-memnon-egipto/

Los colosos de Memnón (en árabe Al-Colossat o Es-Salamat) son dos gigantescas estatuas de piedra que representan al faraón Amenhotep III situadas en la ribera occidental del Nilo, frente a la ciudad egipcia de Luxor, cerca de Medinet Habu y al sur de las grandes necrópolis Tebanas.

Las dos estatuas gemelas muestran a Amenhotep III en posición sedente; sus manos reposan en las rodillas y su mirada se dirige hacia el Este, en dirección al río Nilo y al Sol naciente. Dos figuras de menor tamaño, situadas junto al trono, representan a su esposa Tiy y a su madre Mutemuia; los paneles laterales muestran una alegoría en bajorrelieve del dios de la inundación anual, Hapy.

Las estatuas están esculpidas en grandes bloques de cuarcita, traídos especialmente desde Guiza y de la cantera de Gebel el-Silsila, al norte de Asuán. Incluyendo las bases de piedra sobre las que se sustentan, las estatuas tienen una altura total de dieciocho metros.

La función original de los colosos fue la de presidir la entrada al complejo funerario de Amenhotep III: un inmenso centro de culto, construido en vida del faraón, en el que se le adoraba como al dios en la tierra. En esos días, el complejo del templo era el mayor y más espectacular de todo Egipto. Ocupaba un total de 35 hectáreas. Incluso el Templo de Karnak era menor que el conjunto funerario de Amenhotep. Hoy en día, sin embargo, quedan pocos vestigios del templo.

El historiador y geógrafo griego Estrabón explica que un terremoto, en el año 27 a. C., dañó a los colosos. Desde entonces se decía que las estatuas "cantaban" cada mañana al amanecer, concretamente, la estatua situada mas al sur. La explicación es que el cambio de temperatura, al comienzo del día, provocaba la evaporación del agua, que al salir por las fisuras del coloso producía el peculiar sonido. El emperador romano Septimio Severo nos privó de este fenómeno al restaurar la estatua en el siglo III d. C.

El nombre "Colosos de Memnón" proviene del período helenístico. Los colosos fueron bautizados por los primeros viajeros griego, que escuchaban a los lugareños, les recordaba a la de Memnón un héroe griego de la guerra de Troya, rey de Etiopía, que llevó a sus ejércitos desde África hasta Asia para ayudar a defender la sitiada ciudad y que fue finalmente derrotado por Aquiles.

Los colosos no parecen tan colosales; al contrario, se mantienen acordes con todo lo que los rodea, como si fueran del tamaño natural de los hombres, y nosotros fueramos los enanos, no ellos los gigantes

http://es.wikipedia.org/wiki/Colosos_de_Memnón

Los dos colosos de Memnon ya son tres

Egipto levanta otra de las gigantescas estatuas del templo de Amenofis III en la necrópolis de Luxor

Los enigmas de Luxor

Jacinto Antón Barcelona 16 FEB 2012 - 22:02 CET

A los dos colosos de Memnon, uno de los iconos más emblemáticos y eternos del Egipto faraónico, que reciben al viajero a la entrada de la necrópolis de Luxor, en la orilla oeste del Nilo, les ha salido un hermano. Un tercer coloso se yergue desde esta semana cien metros por detrás de las dos famosas estatuas, consideradas epítome de las maravillas y misterios egipcios y admiradas ya por los primeros turistas griegos y romanos. Esta tercera estatua, también de cuarcita, formaba parte asimismo de la decoración monumental original del arrasado templo funerario de Amenofis III y cayó derrumbada, con su pareja (los colosos del edificio iban de dos en dos), durante un terremoto alrededor del 1.200 antes de Cristo.

La enorme escultura, el coloso norte de la segunda pareja, originalmente de 15 metros de altura, un poco más pequeña que sus dos famosos hermanos, de 18 metros y que también representa a Amenofis III (lo de Memnon es una atribución griega), quedó fragmentada en el suelo y con el tiempo fue semienterrada por agua y barro al subir el nivel freático. Se la redescubrió en 2002 y se la arrastró hasta terreno sólido donde se procedió a restaurarla mientras se consolidaba con cemento su pedestal. Después, se la ha llevado otra vez a su emplazamiento y se ha procedido a la delicadísima operación de volver a levantar semejante monstruo de piedra, proceso que culminó el lunes.

La recuperación del nuevo coloso la dirige desde 2004 un español, Miguel Ángel López Marcos (Soria, 1963), especialista en conservación de la piedra. En la actualidad se están añadiendo otros fragmentos a la estatua, como el pie derecho del rey y bloques de la base, de cara a la inauguración oficial de la misma, el 1 de marzo (al acto le seguirá un congreso científico en el que se explicará el proceso de recuperación).

“Lo más difícil ha sido levantarla”, explica telefónicamente desde Lúxor López Marcos. “Pesa 250 toneladas y estaba rota por cuarenta sitios”. Quedarán aún por recolocar pierna, pecho y cabeza, de entre 14 y 23 toneladas. En esta sensacional operación, que es como leer el poema de Shelley Ozymandias al revés —aquí el faraón resucita del olvido y restablece su abatido orgullo—, se incluye para el verano de 2013 recuperar también la pareja de esta estatua, el coloso sur, hallado en 2003 y que está siendo tratado por el equipo de conservación que trabaja en el monumento.

¿Tendrían voz estos colosos como es fama la tenía el coloso norte de la famosa pareja? Fue precisamente por esa voz, una especie de quejido, por lo que en la antigüedad los griegos identificaron las esculturas con Memnon, hijo de la Aurora y resucitado (tras morir en Troya) cuando los dedos de la diosa del alba lo acariciaban, a lo que él contestaba con un lamento. “El supuesto canto era en realidad un chirrido producido por una grieta en la cuarcita causada por el terremoto que tumbó a sus hermanos”, recuerda López. “La piedra sonaba al dilatarse por las diferencias tremendas de temperadtura que hay aquí del día a la noche, especialmente en verano, que pueden ser de cuarenta grados. Ese sonido, como un plañido, hizo que los primeros viajeros griegos lo asociaran a su mito del hijo de la Aurora. La grieta siguió ensanchándose y al final ya no chirriaba porque no había roce. En resumen, que no, que no creo que ningún otro coloso vaya a cantar”.

El templo funerario de Amenofis III, en la zona de la necrópolis tebana conocida como Kom el-Hetan fue el más grande de los construidos en la margen izquierda del Nilo y se especula con que su proximidad al río provocara que las crecidas inundaran ritualmente los patios y salas exteriores dejando solo la zona interior más sagrada por encima del nivel del agua. Apenas queda nada del edificio, que se alzaba tras los dos famosos colosos, situados a ambos lados del primer pilono de entrada al templo. El segundo pilono contaba con otra pareja y el tercero, que daba ya paso a la avenida procesional de entrada al patio solar, con otra más. Esta tercera pareja de colosos, en este caso de alabastro y más pequeños aún que la segunda (medían 11 metros), también ha sido encontrada y se proyecta igualmente volver a alzarlos.

Cuando los seis colosos originales vuelvan a erguirse, la fisonomía del lugar cambiará todavía más espectacularmente. “La existencia de seis colosos se sospechaba porque la iconografía en los templos egipcios es muy similar”, señala López Marcos.

El coloso norte de la segunda pareja, el que nos ocupa, cuenta como los dos famosos con las esculturas más pequeñas a sus pies de la madre del rey y de su esposa favorita, la gran reina Tiye. Las labores de restaurarlo y alzarlo de nuevo forman parte del Proyecto de Conservación de los Colosos de Memnon y el templo de Amenofis III, en el que trabaja un equipo egipcio-europeo desde 1998 y que dirige la armenia Hourig Sourouzian, con Rainer Stadelmann como co-director.

¿Le va a hacer sombra el nuevo coloso —y los que vengan— a los de Memnon, acostumbrados a llevarse la gloria solitos? “No creo”, responde López Marcos, “pero ahora es el tercer coloso de Memnón y eso hace que haya que replantear todas las guías y libros de historia”.

http://cultura.elpais.com/cultura/2012/02/16/actualidad/1329426160_441298.html

Lugares fantásticos: Los Colosos de Memnón

Uno de los lugares mágicos por excelencia es sin duda el lugar en el que se ubican los Colosos de Memnón. Quizás por la creencia o quizás por su propia realidad, existe una leyenda en torno a las enormes moles de piedra.

De camino al Valle de las Reinas en la ciudad de Luxor (Egipto), vemos dos descomunales figuras que se alzan en el la planicie. Se trata de las estatuas del faraón Armenhotep III que miden cerca de 20 metros de altura cada una. Estos vigilantes de piedra, permanentes en su empeño, fueron construidos durante el siglo XIV a.C. y durante un seísmo de proporciones preocupantes durante el año 27 a.C. una de las estatuas se agrietó.

Al poco tiempo, unos visitantes griegos durante el amanecer se situaron junto a los colosos y escucharon suaves sonidos a modo de palabras aunque algunos dijesen campanas. Asustados se precipitaron a correr la voz y al poco tiempo el lugar se llenó de personas que los interpretaban como la voz de Memnón, que era el hijo de Eos, la diosa del amanecer. Por ello, creían que cada mañana cuando salía el sol, estas figuras saludaban el amanecer.

Muchos grabaron palabras, nombres, preguntas en la parte que daba a la salida del sol, con el fin de que las estatuas le respondiesen las mismas, así pues esperaban pacientemente a que el Sol apareciese por el horizonte, para prestar la mayor de las atenciones, e interpretaban los sonidos como si fuesen palabras. Hasta el mismísimo emperador Adriano, fue al lugar en algunas ocasiones para consultar cosas, en el 130 d.C. Según cuentan, llego a escuchar con toda claridad el sonido de un gong, cosa que interpretó como afirmación positiva del oráculo.

¿Cual es la realidad de este misterio? Posiblemente fueran los sonidos que se provocaban cuando la estatua de piedra se calentaba a la salida del astro. O quizás no, nadie lo sabe. Un investigador inglés, Paul Devereux, afirmaba que al igual que ocurre con algunos megalitos estas estatuas emitían un sonido ultrasónico y por consiguiente imperceptible, y al dañarse por el terremoto se convirtió en audible.

El caso es que desde el año 200 d.C. las estatuas no hablan pues el emperador Septimio Severo mandó repararlas y nunca nadie volvió a escuchar hablar al oráculo sagrado. Quizás este fuera el primer escéptico de la historia...

Pero nuestro consejo es que os acerquéis por allí ya que en cualquier momento, cuando salga el Sol... el oráculo podrá volver a hablar, ¿serás el afortunado oyente?

http://elcajondesastre.blogcindario.com/2006/02/00416-lugares-fantasticos-los-colosos-de-memnon.html

http://pescaditosenlacabeza.blogspot.com/2011/03/capitulo-5-del-viaje-egipto-los-colosos.html

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Web recomendada: http://www.egiptologia.org/geografia/colosos_memnon.htm

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