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Lhasa

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Tipo: Urbanismo

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Continente: Asia

País: China

Localización:

Año:

Estado: Terminado

Descripción:Lhasa, el corazón del budismo que fascina el mundo

Lhasa es una ciudad remota, mística y misteriosa con un impresionante patrimonio e historia espiritual que definen la cultura tibetana.

En su crónica Mi vida en la Lhasa prohibida, publicada en 1955 en la revista National Geographic, Heinrich Harrer, el explorador austriaco que fue tutor del actual Dalai Lama cuando éste era un adolescente, cuenta que una de las cosas que más le admiraron del Tíbet fue la buena actitud de los tibetanos.

“Nunca he conocido gente que se ría tanto como ellos“, resume Harrer, luego de describir a detalle la vida frugal de los tibetanos que conoció. “Su dieta diaria consiste en un tazón de tsampa (una mezcla de harina de cebada, arroz o trigo con mantequilla de yak), unas cuantas tiras de carne seca de yak e innumerables tazas de te con mantequilla de yak“.

Mucho ha pasado en el Tíbet desde aquellos días en los que Harrer enseñó a los residentes de Lhasa a patinar sobre el río Kyi congelado, pero su descripción como gente amigable y dispuesta a pasarla bien, sigue vigente. Pese a vivir en un entorno de fuerte tensión política, los tibetanos se muestran abiertos ante los visitantes extranjeros.

En las decenas de puestos de artesanías y objetos religiosos que se alinean en el circuito religioso de Barkhor o en los muy competentes restaurantes de comida india que abundan en Lhasa, los tibetanos sonríen con facilidad y hacen todo lo posible por hacerse entender con el visitante. No importa que, con frecuencia, sus movimientos, sobre todo en Lhasa, sean observados muy de cerca por policías militarizados chinos.

La Región Autónoma del Tíbet (RAT) ha sido escenario frecuente de revueltas de sus habitantes contra el Gobierno Central de China, país del que forma parte desde mayo de 1951, cuando se oficializó su anexión a la República Popular, luego de que el Dalai Lama, líder político y espiritual de los tibetanos, huyó a India, donde aún vive.

La más reciente revuelta de envergadura ocurrió en 2008, antes de los Juegos Olímpicos celebrados en China y, desde entonces, el Gobierno de Pekín ejerce un férreo control de las visitas de extranjeros a la RAT. Sólo pueden visitar la región aquellos que tengan permiso de las autoridades chinas y formen parte de un grupo con guías también autorizados.

Para un viajero independiente, los expertos en la región recomiendan viajar primero a Katmandú, en Nepal, donde fácilmente se contactan agencias de viaje que organizan estos tours y tramitan los permisos, incluida la visa china, con las autoridades chinas.

Setiembre es un buen mes para viajar al lejano Tíbet, ya que, aunque siempre fría, la temperatura es amigable y permite realizar caminatas por los bosques o, sencillamente, sentarse a la orilla de la carretera a apreciar los lagos, mientras, de repente, aparecen a lo lejos las minúsculas figuras de peregrinos tibetanos que avanzan trabajosamente, tocando el suelo y levantándose una y otra vez, en una constante reverencia, rumbo a Lhasa, a visitar el Monasterio de Jokhang y el Palacio Potala, antigua residencia de invierno del Dalai Lama.

El enorme templo Jokhang, en el que se encuentra la estatua más sagrada del budimos, el Jowo Skakyamuni, está formado por tres pisos repletos de capillas. Hay tres caminos concéntricos, uno dentro del recinto y otros dos fuera, que recorren los peregrinos, aunque el más apartado del templo es el más complicado, ya que se construyó una carretera muy transitada.

Junto al templo y a Norbulinkga (el Palacio de Verano,) a unos tres kilómetros, se halla el grandioso palacio Potala, antiguo centro espiritual del Tíbet y hoy en día un museo. Los tres en conjunto fueron declarados Patrimonio de la Humanidad por la Unesco.

La fortaleza de 1.000 habitaciones del palacio Potala está situada elegantemente sobre el monte Marpo Ri, y fue construida en el siglo XVII bajo el quinto Dalai Lama. La parte interior, el Palacio Rojo, contiene los templos y tumbas de los Dalai Lama, mientras el Palacio Blanco fue la sede del Gobierno y la residencia de invierno del Dalai Lama hasta que éste se vio obligado a exiliarse en 1959.

La capital de la RAT, localizada a 3.750 metros de altura, es una mezcla que parecería imposible de tradición milenaria, como sede de los más venerados santuarios del budismo tibetano, y empuje modernizador, al ser una de las ciudades chinas que más subsidios recibe para construir infraestructura y vivienda, así como para invertir en servicios públicos como educación y salud. La capital tibetana se debate así entre la determinación de sus habitantes por conservar sus tradiciones y cultura y beneficiarse de la modernidad impulsada por Pekín.

Datos

Cuándo ir. La mejor temporada para visitar la meseta tibetana es entre agosto y octubre, cuando el clima es fresco pero agradable.

Dónde dormir. En los bosques de Nyingchi: Una experiencia única es hospedarse con tibetanos que han acondicionado sus viviendas como posadas con el permiso de las autoridades chinas. Pregunte al operador del tour que haya elegido para ir a la RAT. En Lhasa, si se tiene un presupuesto moderado, una buena opción es el Hotel Himalaya, localizado a 10 minutos en auto de la zona antigua de Lhasa. El lugar es limpio y cómodo y tiene un desayuno buffet con una oferta aceptable de comida occidental.

Qué comprar. La antigua Calle Barkor, un lugar religioso, también es el centro de distribución de pequeñas mercancías de la ciudad. Objetos de uso religioso y pinturas Tangka resultan irresistibles para los turistas. En el templo Jokhang, a poca distancia de allí, puedes pedir la bendición de los maestros a los objetos que has adquirido, a cierto precio, por supuesto. Además, las artesanías típicas del lugar, como alfombras, tapetes, cuchillos, vestidos y joyas de oro y plata agradan mucho a los turistas.

Qué y donde comer. Antes de probar el omnipresente té con mantequilla de yak, hay que preguntarse si el paladar está preparado para sabores totalmente ajenos. Si la respuesta es no, hay que declinar con mucha amabilidad. Un sabor más familiar es el de la carne de yak, que también es un alimento presente en cualquier sitio en el Tíbet. Un muy buen lugar para probar la comida tibetana, pero también una gran variedad de platillos de esta zona del mundo (las opciones indias sobresalen) y de la cocina occidental, es el Tengyelink Cafe. A la buena comida se le añade el trato impecable de sus jóvenes meseros tibetanos, vestidos con atuendos tradicionales salpicados de detalles punk, y el buen ambiente nocturno.

Un consejo. La altura promedio de la meseta tibetana es de 4 mil 700 metros sobre el nivel del mar, y la de la Lhasa 3 mil 750. Por tanto, hay que darse el tiempo para aclimatarse, se recomienda no agitarse innecesariamente, tomar mucha agua, dormir bien y comer ligero, al menos al principio del viaje.

http://turismo.perfil.com/3473-lhasa-el-corazon-del-budismo-que-fascina-el-mundo/

Lhasa: la antigua ciudad prohibida del Tíbet

Por: Ricardo Coarasa

“Tengo por los más felices que haya vivido nunca los días en que, con mi miserable hatillo al hombro, vagabundeaba por montes y valles en el maravilloso país de las nieves”. A veces, una simple frase es suficiente para cruzarse medio mundo en busca de unos paisajes soñados. El viajero, mientras vuela de Katmandú a Lhasa, la capital del Tíbet, no deja de dar vueltas a esas palabras de Alexandra David-Néel, la primera mujer europea que consiguió entrar en la ciudad prohibida, disfrazada de mendiga, en el ya lejano 1924. El avión sobrevuela el Everest, al que los tibetanos se refieren como Qomolangma (“Madre del Universo”), y el pasaje se alborota intentando capturar una fotografía de la imponente mole nevada, afortunadamente despejada de nubes por completo. Esos pellizcos en el estómago que suelen anticipar experiencias inolvidables cosquillean ahora con más insistencia que nunca.

Al llegar a Lhasa (3.595 metros de altitud) después de bordear el caudaloso río Tsangpo, la descomunal fachada del palacio de Potala, la antigua residencia de invierno del Dalai Lama, emerge como un castillo medieval digno de nutrir las páginas del Amadís de Gaula. Es de esas imágenes que nunca se olvidan, que se graban en la retina del visitante con la rapidez del más potente disco duro. Sus edificios blancos y rojos que nacen de la misma roca, las decenas de diminutas ventanas que parecen vigilar a toda la ciudad, sus relucientes techos dorados, las zigzagueantes murallas, los desafiantes chörten (monumentos funerarios de forma cónica)… El viajero se queda absorto contemplando lo que el gran explorador austríaco Heinrich Harrer definió como “uno de los castillos más imponentes del mundo”. El autor de “Siete años en el Tíbet” (inmortalizada en el cine por la superproducción protagonizada por Brad Pitt) escribió atinadamente que en el Potala “todas las cosas evocan el pasado”. ¿Qué mejor destino, pues, para un espíritu inquieto seducido por la historia y los viajes? “La mejor de las fotografías nunca podría dar una idea de su apariencia imponente”, dejó dicho la aventurera parisina David-Néel. Y tiene razón. Por eso hay que venir a admirarlo in situ.

El avión sobrevuela el Everest, al que los tibetanos se refieren como Qomolangma (“Madre del Universo”), y el pasaje se alborota intentando capturar una fotografía de la imponente mole nevada

El actual edificio fue levantado hace tres siglos y medio por el quinto Dalai Lama en el mismo emplazamiento, la colina de Marpo Ri, donde el antiguo rey Songtsen Gampo construyó a mediados del siglo VII su palacio, arrasado después por los mongoles. La visita al Potala sobrecoge al viajero, que aturdido por el intenso aroma a mantequilla de yak, con la que los fieles alimentan incansablemente las lamparitas de ofrendas, admira las estupas funerarias de los antiguos líderes espirituales del budismo tibetano. La tumba del quinto Dalai Lama, una mole de 3.700 kilos de oro y quince metros de altura, deja a los visitantes con la boca abierta mientras a sus espaldas, un monje budista cuenta acuclillado los billetes de las ofrendas y de las propinas de los turistas.

Jokhang: la Meca del budismo tibetano

Pero el lugar de Lhasa que rezuma más espiritualidad es, sin duda, el templo de Jokhang, situado frente a la populosa plaza de Barkhor, a espaldas del dédalo de callejuelas donde actualmente se encuentra el barrio tibetano de una ciudad “colonizada” por ciudadanos chinos de la mayoritaria etnia han. Construido a mediados del siglo VII, el corazón espiritual del Tíbet fue saqueado durante la revolución cultural. Los dos cervatillos dorados que custodian la Rueda de la Ley coronando el techo del edificio religioso transportan al viajero a tiempos pasados de una cultura, la tibetana, que ha sobrevivido, pese a los embates del gigante chino, en un ambiente tan hostil como bello: a la sombra de las montañas más altas del planeta.

Haciendo girar sus molinillos de oración con un rosario de cuentas en la otra mano, recitando sin cesar el universal mantra budista (“aum mani padme hum”)

Los peregrinos recorren el kora, el circuito de peregrinación que rodea los principales centros espirituales del Tíbet, con arrebatada fe en sus dioses. Haciendo girar sus molinillos de oración con un rosario de cuentas en la otra mano, recitando sin cesar el universal mantra budista (“aum mani padme hum”), postrándose en el suelo cada pocos pasos los más devotos, llegan de todos los puntos del Tíbet para cumplir con su peregrinación, como los musulmanes en la Meca o los católicos en la tumba del apóstol Santiago. Pero, paradójicamente, este remanso de religiosidad es, también, el epicentro comercial de Lhasa. Todo el recorrido (que debe realizarse siempre de izquierda a derecha) está repleto, a uno y otro lado, de tiendas y chiringuitos de souvenirs regentados en su mayoría por ciudadanos chinos que han ido desplazando a los tibetanos autóctonos. Pero si el viajero es capaz de abstraerse de las voces de los comerciantes y las súplicas de los niños, y consigue asomarse a su interior, la experiencia es realmente enriquecedora.

La huida del Dalai Lama de Norbulinka

Si el Potala era el hogar habitual del Dalai Lama, el palacio de Norbulinka fue, desde finales del siglo XVIII, su residencia de verano. En las estribaciones del invierno, el líder espiritual tibetano se trasladaba al conocido como Parque de la Joya, un recorrido breve que era todo un acontecimiento anual para los habitantes de Lhasa.

Aunque muchas de sus dependencias están cerradas al público, darse una vuelta por sus vastos jardines y tumbarse a la bartola a la sombra de un árbol es una experiencia muy placentera, aunque sólo sea por pisar el lugar desde el que huyó al exilio el actual Dalai Lama, Tenzin Gyatso, en marzo de 1959 ante la inminente invasión china. Las habitaciones que ocupó se pueden visitar aún. Están prácticamente como las dejó hace medio siglo. Al viajero le sorprende descubrir un inodoro en el baño, cuando todavía hoy sus compatriotas evacuan mayoritariamente en cuclillas, un detalle que explica bien a las claras por qué la monarquía teocrática que encarnaba el Dalai Lama en una sociedad feudal en pleno siglo XX estaba condenada a desaparecer.

Cincuenta años después, ser sorprendido con una foto del Dalai Lama en el Tíbet todavía puede acarrear la cárcel, o al menos eso es lo que te susurran los que logran vencer el miedo a ser delatados ante las autoridades chinas. Pekín ha traído carreteras, trenes, turismo y muchos millones de inversión al Tíbet, es indudable, pero el Gobierno chino debería preguntarse por qué pese a ese innegable esfuerzo no ha conseguido ganarse el cariño de los tibetanos.

http://www.viajesalpasado.com/lhasa-la-antigua-ciudad-prohibida-del-tibet/

Lhasa, el tejado del mundo

Lhasa es también conocida también como “El Tejado del Mundo” debido a la gran altura a la que se encuentra. Cuenta con muchos atractivos turísticos destacando el Palacio Potala, el Monasterio Jokhang, El Jardín Norpulingkha y la Calle Barkhor.

Lhasa es también conocida también como “El Tejado del Mundo” debido a la gran altura a la que se encuentra. Cuenta con muchos lugares de interés turístico entre los que destacan el Palacio Potala, el Monasterio Jokhang, El Jardín Norpulingkha y la Calle Barkhor.

LHASA

La región autónoma de Tíbet es conocida por muchos como “El tejado del Mundo” debido a su gran altura de 13.000 metros sobre el nivel del mar. Tíbet es un lugar encantador para visitar ya que cuenta con bonitos paisajes, brillante cultura, y misterioso folklore. Lasha, la capital de la región autónoma de Tíbet, está localizada a lo largo del río Lhasa, un afluente del Río Yarlung Zangbo.

Tiene una historia de más de 1300 años. Lhasa “El lugar sagrado" recibe mucha luz solar; por lo que es conocida como Ciudad Solar. Es el centro de política, economía, transporte y actividades religiosas. Hay muchos lugares de interés en Lasha, tales como el Palacio Potala, el monasterio Sera, y el monasterio Jokhang. La apariencia original de Lasha y el estilo de vida tradicional podrás apreciarlo en Calle Barhkor en la parte antigua de Lasha, donde todos los tipos de artes y destrezas están a la venta. Muchos vuelos salen de forma regular desde Lhasa a Beijing, Chengdu, Chongqing, Xi’an y Kathmandu. Las autovías Qinghai-Tibet y Sichuan-Tibet son las rutas principales de la región.

Palacio Potala

El Palacio Potala es el edificio más famoso de la región, fue construido en los años 640 durante el reinado del Rey Songtsan Gampo y está localizado en la “Colina Roja” al oeste de Lhasa. Los 13 pisos del palacio tienen 383m y cuenta con 1000 habitaciones con un área de 101 m2. El edificio entero está hecho de piedra y madera con paredes muy anchas. El Palacio Potala es una arquitectura palaciega renovada completamente y una cristalización de la arquitectura clásica tibetana. Este palacio merece su posición como parte y parcela del patrimonio cultural de la humanidad.

El Monasterio Jokhang

El monasterio Jokhang, localizado en el centro de la antigua Lhasa, fue construido en el año 647 y es significante porque es la primera estructura de madera y mampostería que aún existe en Tíbet. Jokhang es el centro espiritual de Tíbet y la destinación más sagrada por todos los pelegrinos tibetanos. Se dice que el sitio fue elegido personalmente por la mujer del Rey Songtsan Gampo, la princesa Wen Cheng de Tang. Fue construido por los artesanos de Tíbet, China y Nepal y por lo tanto, cuenta con diversos estilos arquitectónicos. Las lápidas grabadas, además de los sauces plantados en el año 823, por el lugar donde se enterró la princesa Wencheng delante del monasterio, son una evidencia histórica de la unión de la gente de Han y Tíbet a través de los siglos.

El Jardín Norpulingkha

Norpulingkha ,“el jardín del Tesoro”, está situado en el barrio residencial del oeste de Lhasa. Fue el lugar de residencia de verano del primer monje tibetano. Desde mediados del siglo XVIII en adelante, cada monje tibetano se trasladaba al parque durante la estación de primavera, por lo que allí se llevaron a cabo todos sus asuntos religiosos y políticos.

Calle Barkhor

El estilo de vida tradicional y apariencia de la vieja ciudad de Lhasa están bien representadas en la Calle Barkhor. Barkhor se encuentra en el corazón de Lhasa envolviendo al templo Jokhang.

Otros lugares turísticos

El monasterio Drepung, el monasterio Sera, el monasterio Pamoche y el lado Yamzho Yumco.

http://www.abcviajes.com/turismo/lhasa_el_tejado_del_mundo.php

Lhasa (tibetano: ལྷ་ས་, chino simplificado: 拉萨, chino tradicional: 拉薩, pinyin: Lāsà), es la capital del Tíbet, en la República Popular China situada en la meseta tibetana rodeada por las montañas del Himalaya. Cuenta con una población de alrededor de 250.000 habitantes. Se encuentra a una altitud de 3.650 metros sobre el nivel del mar, en el valle del río Brahmaputra siendo la segunda ciudad más alta de Asia y una de las más altas del mundo, tanto que la cantidad de oxígeno disponible es sólo un 68% del disponible a nivel del mar.1

La ciudad es la sede tradicional de los lamas y lugar donde se encuentran los palacios de Potala, Norbulingka y el Templo de Jokhang, incluidos en el Patrimonio de la Humanidad2 y es considerado por el budismo tibetano como el centro más sagrado en el Tíbet.

Lhasa quiere decir "lugar de los Dioses", aunque antiguos documentos tibetanos e inscripciones han demostrado que hasta principios del siglo VII el lugar se llamaba Rasa, que significa "lugar de cabra".3

Limita al norte con la prefectura de Nagou, al este con la prefectura de Nyingchi, al sur con la prefectura de Shannan, y al suroeste con la prefectura de Xigaze. Comprende los barrios o distritos de Lhünzhub, Damxung, Nyêmo, Qüxü, Doilungdêqê, Dagzê y Maizhokunggar.

Historia

Existe un considerable debate sobre la importancia geográfica de Lhasa en el Tíbet a principios de la historia.

A mediados del siglo VII, Songtsän Gampo se convirtió en el líder del Imperio Tibetano que se había elevado al poder en el valle del río Yarlung. En el año 641 d. C., Songtsän Gampo, que para entonces había conquistado toda la región tibetana, se casó con la princesa Bhrikuti de Nepal y la princesa Wen Cheng de la corte imperial Tang. A través de estos matrimonios, se convirtió al budismo y procedió a la construcción de templos Ramoche y Jokhang en Lhasa para albergar dos estatuas de Buda, traídas a su corte por las dos princesas. Los documentos de la dinastía Tang reflejan que el imperio de Songtsän Gampo era mayormente nómada y que mantenía audiencias en grandes tiendas móviles replandecientes.

Desde la caída de la monarquía a la adhesión del 5º Dalai Lama, el centro del poder político en la región tibetana no se encuentra en Lhasa.4 Sin embargo, la importancia de Lhasa como lugar religioso se hizo cada vez mayor con el avance de los siglos. Es conocida como el centro del Tíbet, donde Padmasambhava inmovilizó por arte de magia a la "demonia" de la tierra con la fundación del Templo de Jokhang, construido sobre su corazón. En el siglo XV, la ciudad de Lhasa había cobrado relevancia tras la fundación de tres grandes monasterios Gelug por Yhe Tsongkhapa y sus discípulos. Los tres monasterios son Ganden, Sera y Drepung, que fueron construidos como parte de la reactivación puritana budista en el Tíbet.

El quinto Dalái Lama, Lobsang Gyatso (1617-1682), conquistó el Tíbet y trasladó el centro de su administración a Lhasa, que pasó a ser la capital política y religiosa del Tíbet. En 1645, se inició la reconstrucción del Palacio de Potala en la colina roja. En 1648, se terminó el Potrang Karpo (Palacio Blanco), parte del Potala. A partir de ese momento, el Palacio Potala fue utilizado como residencia de invierno del Dalái Lama. El Potrang Marpo (Palacio Rojo) se añadió entre 1690 y 1694. El nombre Potala se deriva posiblemente del monte Potalaka, la morada mitológica del Bodhisattva Avalokiteshvara. El Templo Jokhang es también una gran expansión en todo este tiempo. Aunque algunas tallas de madera y dinteles del templo de Jokhang se remontan al siglo VII, el más antiguo de los edificios existentes en Lhasa, como el Palacio Potala, el Jokhang y algunos de los monasterios y construcciones en el casco histórico proceden de esta segunda expansión de Lhasa.

En el siglo XVIII fue construido el Norbulingka por el 7º Dalai Lama.5

En la primera mitad del siglo XX, varios exploradores occidentales, tales como Francis Younghusband, Alexandra David-Néel y Heinrich Harrer, llevaron a cabo viajes a la ciudad. Lhasa era el centro del budismo tibetano, y casi la mitad de su población eran monjes. La población de Lhasa se estimó en 25.000 en 1951, con excepción de unos 15.000 monjes en los monasterios de la zona, aunque con la invasión del Ejército Popular de Liberación chino muchas personas huyeron de la ciudad, entre ellos el 14º Dalai Lama, que en 1959 abandonó su residencia en el Palacio de Potala rumbo al exilio en India.

Entre 1987 y 1989 hubo grandes manifestaciones contra el régimen chino encabezadas por monjes y monjas. Como resultado, el Gobierno chino impuso restricciones sobre las libertades civiles de los monjes y monjas. Esto se manifestó en sesiones de reeducación en las que se invitaba a los monjes a compartir los puntos de vista del Partido Comunista de China y a denunciar al Dalái Lama y al independentismo tibetano. Muchos monjes que se negaron fueron condenados a penas de prisión, mientras que otros abandonaron los monasterios y fueron muchos los que escaparon a la India.

A partir de comienzos de la década del 2000, la población de la ciudad es de alrededor de 255.000 habitantes. Para más información sobre la historia del Tíbet desde 1950, véase el artículo historia del Tíbet.

Geografía y clima

Lhasa y su prefectura cubren un área de 30.000 km² en total. El centro urbano posee un área de 544 km² y una población de 500.000 habitantes, de los cuales, la mitad, aproximadamente, vive en el centro urbano de la ciudad.6

Es una de las ciudades más altas del mundo y se encuentra localizada al fondo de un pequeño valle rodeado de montañas, Lhasa tiene una elevación de 3.650 metros y se encuentra en el centro de la meseta tibetana.7 Las montañas de alrededor se elevan hasta los 5.500 metros y el río kyi, un afluente del Brahmaputra, cruza toda la ciudad.

Cuenta con un clima muy suave durante todo el año, ya que su temperatura media anual durante el día es de 8 °C. No sufre inviernos extremadamente fríos ni veranos demasiado calurosos. Además, sus habitantes gozan de unas 3.000 horas anuales de sol, que le ha servido para ser conocida, en algunas ocasiones, como "la ciudad iluminada". Las épocas de mayores precipitaciones suelen darse en julio, agosto y septiembre y son consideradas como las mejores del año. Suele llover por la noche y el resto del día es soleado.

Dependiendo del problemático estatus político del Tíbet, Lhasa sería la capital nacional más alta del mundo, superando incluso a La Paz, Bolivia, que ostenta el récord actualmente.

http://es.wikipedia.org/wiki/Lhasa

http://en.wikipedia.org/wiki/Lhasa

http://zh.wikipedia.org/zh/拉萨市

Pinche para ver las Fuentes seleccionadas

Vídeo:

Web recomendada: http://www.lasa.gov.cn/

Contador: 2814

Inserción: 2014-03-30 15:26:11

 

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