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Beirut

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Tipo: Urbanismo

Categoría:

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Voto:

Ratio 5/5 (1 Voto)

Continente: Asia

País: Líbano

Localización:

Año: s. XV a. C.

Estado: Terminado

Descripción:Beirut

Tomarse un café con cardamomo en una soleada terraza mientras se fuma un arguile vuelve a ser un acto cotidiano e inocente en Beirut. Diez años después de la devastadora guerra que llenó de cráteres y ruinas la capital de Líbano, Beirut resurge con inusitada potencia y vuelve, poco a poco, a convertirse en la Perla de Oriente Medio.

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A lo largo de 2004 más de tres millones de turistas extranjeros recalaron en Líbano para pasar sus vacaciones y, por primera vez en treinta años, los turistas europeos superaron en número a los que procedían de los países árabes. Y es que este pequeño país mediterráneo cuenta con innumerables atractivos que lo convierten en un destino turístico perfecto: en apenas unas horas podemos pasar de practicar el esquí entre los cedros que pueblan su montañoso interior a pasear por la playa, deteniéndonos antes para visitar alguno de los cientos de yacimientos arqueológicos que atesora este territorio privilegiado.

La misma Beirut está rodeada por montañas, goza de una bellísima franja litoral y guarda en su interior restos fenicios, romanos, omeyas, mamelucos, otomanos y coloniales. Pese a la violencia que experimentó durante tres inacabables lustros, los beirutíes lograronmantener con vida su ciudad y en nuestros días un ambicioso Plan de Rehabilitación del Distrito Central ha vuelto a colocar a Beirut en el centro de la vida comercial de Oriente Medio, recuperando el ambiente de sus cafés y la hospitalidad de sus gentes.

En Beirut hay mucho que ver. Si caminamospor el paseo marítimo de Ar-Rauche a la hora del crepúsculo, cuando las tiendas van echando el cierre, comprobaremos como los jóvenes beirutíes toman posiciones para ver cómo el sol tiñe de rojo los impresionantes peñascos que surgen del mar frente a la ciudad.

Beirut es, ante todo, la capital de la multiplicidad étnica y religiosa. Aquí se levantan iglesias maronitas, ortodoxas y católicas, mezquitas sunníes y shiíes y templos drusos. Beirut es, fundamentalmente, una capital rediseñada para la paz. Así, la que fue conocida como “Suiza de Oriente” ha vuelto a recuperar la merecida fama de sus restaurantes, su animadísima vida nocturna y en sus casinos vuelven a moverse ingentes cantidades de dinero.

Pese a la guerra, el patrimonio arquitectónico de Beirut sigue conservando un gran interés. Si bien pueden contemplarse bastantes restos romanos y bizantinos salpicandotoda la ciudad -en realidad, la moderna Beirut se levanta sobre media docena de ciudades anteriores- los edificios civiles mejor conservados corresponden a la época otomana, como el Palacio Gubernamental o el Hospital Militar (hoy ministerio de Construcción y Desarrollo).

Los mamelucos también dejaron una impronta duradera en Beirut. En la calle Patriarca Hoeik pueden contemplarse restos de la muralla medieval que levantó esta dinastía, de la que también se conserva la mezquita al-Umari, construida sobre una iglesia del siglo XII. También poseen solera las mezquitas del Emir Assef (s.XVI) y la Mezquita de Munzer At-Tanuyi (s.XVII).

Entre las iglesias más antiguas conservadas se encuentra la greco-ortodoxa de San Jorge, fundada en el siglo XVIII, o la catedral maronita dedicada al mismo santo y fundada en el siglo XIX por el arzobispo Yussuf Ad-Debs.

La espiritualidad en Beirut no niega lo sensual, y en el Líbano la comida y la bebida no son algo baladí. Aquí lo más usual es sentarse delante de un buen número de pequeños platos (mazza) e ir picando mientras se sorbe el aguardiente local (arak) o algunos de los excelentes vinos que se producen en los valles libaneses, entre los que se encuentran algunos de los mejores caldos del mundo. De las delicias culinarias que componen la mazza destacan el tabbuleh, una ensalada de trigo con pepino, tomate, cebolla, hierbabuena y limón, el mutabbal, una exquisita crema de berenjenas que se toma con el pan “de pita” árabe, o los falafel , pequeñas croquetas de legumbres que suelen servirse con salsa de labn. Todo ligero y al alcance de la mano, ideal para alargar la conversación de la sobremesa y plantarnos, ya entrada la tarde, con un aromático qahwa en la mano que acompañaremos con algún dulce árabe amasado con almendras, pistacho y miel.

Para entender Beirut no hay nada mejor que acudir a los poetas y músicos que llevan glosando sus encantos desde hace siglos. Entre sus cantoras más respetadas figura el ruiseñor de Oriente, Fayruz, una de las figuras más destacadas de la música árabe del siglo XX, cuyas canciones oiremos en cada calleja o tienda beirutíes. Y si nos animamos a profundizar en la historia reciente de Beirut, no podemos dejar de leer Beirut 75, de la escritora Gadat As-Salman o Memoria para el olvido, del palestino Mahmud Darwish.

http://viajes.turismo.hispavista.com/v86-beirut

Beirut, ciudad de perdición

MÓNICA G. PRIETO desde Beirut

24 de agosto de 2009.- Las indumentarias más variopintas se disputaban espacio, el pasado jueves, en el Fórum de Beirut para disfrutar del que, para algunos, fue el concierto del verano. Amplias camisetas de rugby se entremezclaban con ceñidos vestidos escotados, hermanados por el olor a sudor y a tabaco del asfixiante recinto y por el delirio que suscitó el rapper norteamericano Snoop Dogg, dispuesto a agitar mentes y cuerpos ya de por sí entregados. "¿Adónde hay que ir para codearse con el fisgón?", coreaba provocador contorneando su 1.93 metros de altura por el escenario. "A Beirut, Líbano", rugía la masa. "¿Adónde van todos los fiesteros para pasarlo bien?". "A Beirut, Líbanooo".

Nadie mentía. Que tiemblen todas las capitales del Golfo. Beirut ha regresado al negocio del turismo tras años de inestabilidad política, y lo ha hecho con tal fuerza que nada puede arrebatarle la corona de rey absoluto de la fiesta. Tras cuatro años de pausa obligada por los atentados, los bombardeos de Israel, la revuelta de un grupúsculo islamista que puso en jaque al país y un amago de guerra civil, la capital libanesa vuelve a imponerse como destino predilecto de todo Oriente Próximo, especialmente de una juventud encorsetada por la tradición y la religión que necesita divertirse. Y mientras el resto de los países sólo ofrecen arguiles (pipas de agua) y sórdidos locales con versiones tecno de la música local, la subversiva Beirut promete sexo y alcohol, eventos culturales y juerga, playas de arena dorada -y agua contaminada; dice el chiste local que con lo que se encuentra en el mar se puede preparar un fattoush- y montañas aptas para los deportes más atrevidos, una apreciada gastronomía y una afición por los excesos nocturnos excepcional en el mundo árabe.

Así, no es de extrañar que el New York Times Travel clasificase el Líbano como primer destino turístico de 2009 o que la agencia France Presse califique Beirut como 'la ciudad del pecado'. La ciudad escandaliza con sus excentricidades a los habitantes de la región probablemente más conservadora del mundo, quienes, por cierto, sueñan con veranear en la capital que nunca duerme.

Cada noche está siendo una interminable fiesta en Beirut, que agota su mejor verano en mucho tiempo y se consagra como ciudad rebelde y principal destino turístico de Oriente Próximo. Los complejos turísticos a pie de playa abren sus puertas por el día para permitir a los turistas tostarse al sol -en demasiadas ocasiones, al ritmo de un DJ- y por la noche para que beban en bañador escuchando trance. Los restaurantes hacen turnos extenuantes para hacer frente a una demanda imparable, y los bares no respetan horario alguno de cierre.

Atascos a medianoche

Comer o cenar en la ciudad se ha convertido en algo imposible salvo disponer de reserva, y en muchos locales de moda es imposible obtener plaza si no se avisa con una antelación de varias semanas. Los atascos a partir de la medianoche son tan importantes, sobre todo en el centro de la ciudad, como los del mediodía y la entrada en las principales terrazas está reservada a los VIP, que pagan 1.000 euros (y a veces, 10.000 euros) por una botella de champagne.

En términos económicos, el éxito de Beirut es confirmado por fuentes oficiales. El Ministerio de Turismo libanés espera que dos millones de turistas hayan pasado por el país antes de que acabe el verano -según un informe del Banco Byblos, en los primeros siete meses de 2009 el turismo aumentó en un 57,3% respecto a todo 2008-, el flujo de viajeros ha aumentado en un 29% respecto al año pasado, según el aeropuerto de Beirut, y en la capital no queda ni una habitación libre.

"Es la mejor estación que vivimos en los últimos 15 ó 20 años, gracias a la estabilidad de la que goza el país hasta ahora", explica Pierre Ashkar, presidente del Sindicato de Hostelería libanés. "(En Beirut) la tasa de ocupación hotelera ha llegado al 100%, y en la región del Gran Beirut ha superado el 70% en los últimos seis meses", prosigue Ashkar. "Lo tenemos todo reservado para las fiestas de Año Nuevo y con una larga lista de espera", confiaba Joanne Zarife, responsable de marketing del Hotel Intercontinental Mzaar, uno de los principales resort de sky del país.

Según la compañía consultora Deloitte et Touche, Beirut se ha convertido en el país que más rendimiento saca a sus plazas hoteleras del mundo, con una media de 85 dólares por cuarto. "Las cifras se han doblado, y no me sorprende. Líbano lo tiene todo, el entorno, el clima, la naturaleza, la vida nocturna, ruinas e historia", afirma el ministro de Turismo en funciones Elie Marouni. Pero el éxito del sector -que ha aumentado en un 50% la exigua población del país del Cedro- poco tiene que ver con el nulo esfuerzo por promocionarlo de sus autoridades, enfrascadas en la repartición de las carteras del próximo Gobierno de coalición.

Lujo y carencias

El aumento de los visitantes pone a prueba un país sin Gobierno y con unos servicios tercermundistas pese a su apariencia de diseño. Los cortes en el suministro eléctrico y, por consiguiente, en el abastecimiento de agua han aumentado de forma drástica a medida que los turistas se instalaban en los lujosos hoteles, dotados por si acaso de generadores y reservas hidráulicas propias. La inversión y el esfuerzo privado salvan de nuevo la cara al Estado. En cuanto a las infraestructuras destruidas por Israel en 2006, han sido rehabilitadas en su mayoría gracias a donaciones extranjeras, pero siguen siendo insuficientes para acoger a casi seis millones de personas en un país con 3,8 millones de habitantes.

Pero los turistas -parte de ellos, libaneses expatriados que intentar recuperar sus raíces y parte árabes deseosos de despojarse de la rigidez de sus países de origen- no buscan buenas carreteras, sino diversión. A diferencia del resto de Oriente Próximo, en el Líbano comprar sexo es tan fácil como acudir a Maameltein, cerca de Junieh, donde numerosos prostíbulos ofrecen los servicios de chicas locales o del Este europeo. Las drogas no son difíciles de encontrar -el valle de la Bekaa es considerado la principal reserva de hachís de la región- y el alcohol es tan común como el agua.

"En las playas privadas se celebran verdaderas orgías", confía un turista francés con mirada de asombro. "Una vez que cae la noche, las cervezas son sustituidas por drogas y el volumen de la música se dispara. Allí se puede ver de todo". En cuanto a las fiestas públicas, más comedidas, compiten en 'glamour' empleando todos los recursos, desde Paris Hilton a los DJ's europeos de moda, pasando por las noches temáticas -hip hop, salsa, música electrónica, trance...- y eventos que intentar destacar por su originalidad como la 'noche del cuero y la fusta' o la 'noche del taxi' organizada por SkyBar, cuya entrada incluye los servicios de un amable taxista que evite el engorroso brete de conducir ebrio. "Este ambiente sólo beneficia al Líbano", reflexiona una camarera mientras sirve copas a destajo. "Quién sabe si este será nuestro último verano en paz".

http://www.elmundo.es/elmundo/2009/08/24/orienteproximo/1251111222.html

Beirut: alegría de vivir

@Kike Sarasola - 22/10/2010

Habibi, lectores digitales de El Confidencial.

Desde pequeño he oído hablar en términos apetecibles de Beirut. Cada vez que mencionaban esta ciudad, afinaba el oído y, con curiosidad, me dejaba llevar. Generosamente, se la ha comparado con París, y oír esto ya era motivo suficiente para querer descubrir por qué. Aunque, sinceramente… ¡me parece una exageración!

Cuando les contaba y animaba a mis amigos a que viajasen a Beirut, su primera respuesta era: ¿Pero qué coño has ido a hacer a una ciudad derruida, capital de un país que ha estado 10 años en guerra civil y en continua alerta y amenaza de bombardeo de su vecino del sur? No os quedéis en los estereotipos e incluidla en vuestras rutas. Os sorprenderéis viviendo la ciudad, rodeados de mujeres y hombres muy guapos, bailando, bebiendo y enredando, y os encontraréis pensando cómo es posible que durante tanto tiempo fuese el centro de una guerra.

En una visita a Beirut hay que patear La Corniche. Se extiende a lo largo de la costa que bordea la ciudad y está muy transitada al atardecer con la caída del sol. Los propios beirutíes lo tienen como un lugar esencial de su vida, por lo que es común ver a la gente haciendo footing, pescando o tomándose algo en las terrazas y bares que se encuentran allí.

Otro lugar digno de ver son las Rocas de las Palomas: uno de los enclaves más bellos de la ciudad. Son unas formaciones rocosas, situadas a pocos metros de la costa, a las que la gente acude para ver la puesta del sol. De aquí nos vamos al Distrito central, que es el centro histórico además de geográfico de la ciudad, aunque también se ha consolidado como núcleo financiero y comercial del país. Fue la parte más dañada durante la guerra, por lo que una cantidad importante de sus monumentos fueron destruidos o seriamente dañados. Todavía se llevan a cabo arduas labores de reconstrucción. Aquí es interesante ver los Baños Romanos, el Gran Serrallo de la época de los otomanos y donde hoy se encuentra el Gobierno del país: la Torre del Reloj y la iglesia de los Capuchinos.

Tesoros arqueológicos de la ciudad

Tampoco hay que perderse el Museo Nacional de la ciudad. Allí se conservan los tesoros arqueológicos libaneses que han podido sobrevivir, aunque el edificio resultó muy dañado. Por suerte, las piezas fueron guardadas en lugar seguro y esa previsión hizo que hoy sea posible admirarlas.

Pero donde antes había ruinas… ahora hay vida y actividad. Así han hecho algo, a mi juicio, muy bonito, que es la reconstrucción de la parte vieja o centro (Down Town), Place de Etoile, con edificaciones nuevas con mucho estilo y de acceso peatonal, ya que es donde se hace la vida social en la ciudad. Además, no se oyen las bocinas de los taxistas queriendo llamar la atención por si necesitaras un taxi. Si lo necesitara, levantaría la mano y ¡ya está! Aquí se encontraba la línea verde (green line), límite de los distintos bandos enfrentados. Todavía se ven edificios semiderruidos, como el Hotel Intercontinental, que se abrió justo antes de empezar el conflicto, y su esqueleto queda como ejemplo de lo que ocurrió y símbolo de lo que no debería volver a pasar. Destacan las dos torres de la Mezquita Hariri y su cúpula azul como skyline de la ciudad. Lo menciono, no solo por su belleza, sino porque se encuentran los restos del presidente Hariri asesinado. Un asesinato que ha quedado sin esclarecer.

Pensad que os encontrareis un pueblo en ebullición, con esa capacidad increíble de resurgir de la nada y de reinventarse después de sus conflictos y depresiones económicas. También se podría interpretar como una huida de la realidad. Por eso, creo que la expresión “tener ganas de vivir”, tan amplia y etérea, aquí en el Líbano, la entiendes en su inmensidad porque la potencian hasta en las cosas más cotidianas. ¡Lo notas! A los libaneses les encanta ir de fiesta, una buena mesa y les va la marcha. Son muy sexuales. A pesar de ser provocadores, hay que ser discreto en espacios públicos, ya que no todos los gays se expresan abiertamente.

Los dólares norteamericanos son aceptados en todo ámbito, como la libra libanesa. (1$ es a 1000 libras). Te sorprenderá la presencia militar en las calles. En el aeropuerto, te miran el pasaporte de arriba abajo buscando algún sello israelí. Si viajáis a Israel, podéis pedirles que os pongan el sello en una hoja aparte para evitar estos problemas en bastantes fronteras árabes.

Los beirutíes son súper cálidos y amistosos. De todos los países árabes que conozco, en Líbano he sentido una hospitalidad más ostentosa y franca. No es de extrañar que se haya convertido en el meeting point, centro de ocio o, por qué no, válvula de escape para gran cantidad de población de los Emiratos del Golfo y saudíes, ya que lo que no pueden expresar en sus países se desata aquí con más libertad.

Un lugar plurinacional con un origen común

Otro factor determinante es que si el país tiene 4 millones de habitantes, existen casi 11 millones más fuera de sus fronteras, formando colonias muy influyentes en países como Brasil, Chile y Canadá, entre otros. Es anecdótico que el alcalde de Sao Paulo le increpase al presidente del Líbano que en Brasil tienen el doble de libaneses que en el propio país. Imaginaos el efecto maravilloso en época de vacaciones, con la llegada de muchos de ellos, donde el Líbano se convierte en un lugar plurinacional con un origen común. Además, se producen importantes aportaciones tanto económicas como culturales.

El mejor ejemplo de lo que os hablo es el sitio de copas Skybar. Tiene la peculiaridad de ser el bar más grande, dicen que del mundo, en la azotea de un conjunto de edificios. Veréis las vistas de prácticamente toda la costa libanesa. La única norma que ponen es que sea proporcional el número de hombres y mujeres en cada grupo al entrar. Como podéis comprobar, hay cierta tendencia a la exageración en Beirut. Creo que su positivismo les lleva a exagerar. Oiréis hablar en muchos idiomas según vais avanzando. Luz indirecta, diferentes niveles y, en el centro, con la trasera abierta con vistas al Mediterráneo, una barra de alabastro iluminada como si fuera una escultura. ¡Espectacular! Otra opción es el Bardó: cocktails y ambiente sosegado con una plantilla de camareros muy amables.

Si seguimos con ganas de disfrutar, el BO 18, puede ser de los clubes más populares en Beirut. Cuando le pregunté a un amigo cómo lo definiría, me dijo textualmente y en inglés: “Underground with a vampire feel”. ¡Lo calcó! Cuando abren el techo bailas debajo de la luna, o en la propia luna, tal vez. Y como son cañeros y les va la marcha, Milk se convierte en la opción alternativa, de público mixto en el centro de Beirut.

Ahora, os reconozco que las sensaciones más gratas que me he traído están relacionadas con la gastronomía. Sabores, presentaciones, olores, texturas, colores; todo apetecible. De todos, Mayring, especializado en comida armenia, es el que más me ha gustado. Scoozi es un sitio divertido, por eso lo menciono, ya que puedes comer sushi y pasta bajo el mismo techo.

Están muy de moda los clubes de playa, como el Oceana, donde puedes estar bailando en la piscina con musicón, comer y pasar el día. Para los más cañeros, piscina tipo rave, y para familias con sus hijos, otro espacio totalmente diferenciado. Para llegar se cruza por plantaciones enormes de plataneras.

No es una ciudad barata. Y eso lo ves en sus tiendas, que abren entre las nueve y las seis de la tarde. El Centro Comercial ABC está lleno de lo último en diseñadores internacionales y regionales, como el espacio abierto por el conocido cantante saudí Waed. Me encantaron los muebles de la tienda Vanlian & Envy, del muy creativo Vicken Vanlian. Una muestra interesante de lo que están creando mentes libanesas.

Beirut ha sufrido mucho, pero siempre se repone. Es una ciudad desmesurada y con una fuerza irresistible.

http://www.vanitatis.com/mochila-kike/beirut-viaje-libano-20101022-318.html

Beirut1 (en árabe بيروت, Bayrūt; en francés: Beyrouth) es la capital, la mayor ciudad y el principal puerto marítimo del Líbano. Se estima que tiene una población de aproximadamente 1,8 millones de habitantes, la falta de una cifra exacta se debe al hecho de que el Líbano no ha tenido censo de población desde 1932.

La ciudad es una de las más diversas de Oriente Medio, dividida entre las diferentes ramas cristianas y musulmanas. Beirut fue destruida durante la Guerra Civil del Líbano y dividida entre Beirut occidental (musulmán) y oriental (cristiano).

Beirut es el centro comercial, bancario y financiero de la región y cuenta con veintiún universidades. Es el hogar de numerosas organizaciones internacionales, como la CESPAO (Comisión Económica y Social para Asia Occidental de las Naciones Unidas) que tiene su sede principal en el centro de la ciudad, la OIT (Organización Internacional del Trabajo) y la Unesco tienen oficinas regionales en Beirut, que abarcan al mundo árabe. La AACO (Organización Árabe de Transportistas Aéreos) también tiene su sede central en esta ciudad.

Beirut ha acogido cumbres de la francofonía y de la Liga Árabe. Será candidata para celebrar los Juegos Olímpicos de 2024.

Historia

Originalmente llamada Bêrūt (Los Pozos) por los fenicios, la historia de Beirut se remonta a hace más de 5000 años. Excavaciones arqueológicas en el centro de la ciudad han descubierto niveles estratigráficos correspondientes a las civilizaciones fenicia, helenística, romana, árabe y otomana. La primera referencia histórica a Beirut data del siglo XV a. C., cuando se la menciona en las tablas cuneiformes de las Cartas de Amarna, tres cartas que el rey Ammunira de Biruta (Beirut) envió al faraón de Egipto. Biruta es también citada en las cartas de Rib-Hadda de Biblos. El más antiguo asentamiento fue en una isla en el río que progresivamente los sedimentos unieron al continente. La ciudad fue conocida en la antigüedad como Berytus (véase también Anexo:Topónimos griegos).

En el año 140 a. C., la ciudad fue tomada y destruida por Diodotus Tripfón en su enfrentamiento con Antíoco VII Evergetes por el trono seléucida. Beirut pronto fue reconstruida en un plan helenístico, rebautizando la ciudad como Laodicea de Fenicia (en griego: Λαοδικεια ή του Φοινίκη) o Laodicea en Canaán, en honor de Laodicea seléucida. La ciudad moderna está situada sobre la antigua. Tras la guerra civil grandes sitios devastados en el centro de la ciudad se han abierto a la exploración arqueológica. En 1994 se descubrió que una de las modernas calles de Beirut, Souk Tawile, sigue todavía la línea de una antigua calle helenística y romana.

Bajo el domino romano se vio enriquecida por la dinastía de Herodes I el Grande y se hizo una colonia, la Colonia Iulia Augusta Felix Berytus, en el año 14 a. C. La escuela de Derecho de Beirut fue ampliamente conocida en aquél entonces. Dos de los más famosos juristas romanos, Papiniano y Ulpiano, eran originarios de Phoenicia. Justiniano I en el siglo VI reconoció a la escuela como una de los tres facultades de derecho oficiales del Imperio. Pero como consecuencia de un desastroso terremoto en el año 551, los estudiantes fueron trasladados a la ciudad de Sidón.

Una vista de la ciudad de Beirut en el año 1900, con el Monte Líbano nevado al fondo.

Beirut pasó a poder de los árabes en el 635. Durante la Edad Media Beirut fue eclipsada por Akka como centro comercial del Mediterráneo oriental. Desde el 1110 hasta el 1291 se encontró en manos de los cruzados. Más tarde Beirut fue gobernada a nivel local por emires drusos. Uno de ellos, Fakr ed-Din Maan II, fortificó la ciudad, pero no impidió que a principios del siglo XVII volviera a poder de los otomanos. Con la ayuda de Damasco, Beirut rompió el monopolio de comercio marítimo sobre San Juan de Acre con éxito y la suplantó como el principal centro de comercio en la región. Durante la posterior época otomana, Beirut se redujo a una pequeña ciudad (con una población de alrededor de 10.000 habitantes).

En 1888 fue capital del vilayato de Beirut y comenzó su pronta reactivación moderna, la ciudad se convirtió en una localidad muy cosmopolita con estrechos vínculos con Europa y Estados Unidos. A la vez, se convirtió en un centro de la actividad misionera, se hizo construir un impresionante sistema de educación, que incluyó la universidad protestante de Siria, que fue establecida por misioneros estadounidenses y que más tarde se convirtió en la Universidad americana de Beirut (UAB). Ingenieros franceses establecieron un moderno puerto en 1894 y un enlace ferroviario que lo unía con Damasco y más tarde a Alepo. Gran parte del comercio era transportado por barcos a Marsella y pronto la influencia francesa se fortaleció más que cualquier otra potencia europea.

En 1911, el censo que realizó la Encyclopædia Britannica mostró que en la ciudad habitaban 36.000 musulmanes; 77.000 cristianos; 2.500 judíos; 400 drusos y 4.100 extranjeros. Tras la caída del Imperio otomano después de la Primera Guerra Mundial, Beirut, junto con todo el Líbano fue colocado bajo Mandato francés.

Daños de la guerra civil en la parte vieja de Beirut.

Líbano logró la independencia en 1943 y Beirut se convirtió en su capital, siguió siendo la capital intelectual del mundo árabe y de un importante centro comercial y turístico conocido por muchos años como la Suiza de Oriente Medio, por su estabilidad económica y cultura cosmopolita, hasta 1975 cuando el país sucumbió en una brutal guerra civil. Durante la mayor parte de la guerra, la ciudad estuvo dividida entre el oeste en gran parte musulmana y el este de mayoría cristiana.

El 17 de julio de 1981 la aviación israelí bombardeó Beirut y el sur de Líbano, causando la muerte, solo en la capital libanesa, de unas 100 personas y 350 heridos. En 1982, Israel ocupó Beirut. El 29 de julio un edificio es alcanzado por la aviación israelí provocando la muerte de 90 personas y 150 heridos. El 16 de septiembre, milicias cristino-falangistas libanesas entraron por el oeste de Beirut bajo ocupación israelí y dirección del Ministro de Defensa israelí Ariel Sharón e iniciaron la ejecución de entre 460 y 3500 refugiados palestinos en la ciudad (véase Matanzas de Sabra y Chatila).2

La ciudad sufrió intensos bombardeos durante la Guerra del Líbano en el último cuarto del siglo XX. Hasta 2005, bajo el impulso de Rafik Hariri (asesinado en Beirut en febrero de 2005), había sido reconstruido gran parte del centro de la ciudad con influencia arquitectónica francesa, destaca de esta etapa la plaza de l'Étoile. Actualmente se sigue llevando a cabo un plan internacional de reconstrucción.

La ciudad fue bombardeada por Israel con toda clase de proyectiles, incluidas las prohibidas bombas de racimo,3 durante el recrudecimiento de las hostilidades contra Hezbollah, bloqueando el aeropuerto Internacional de Beirut Rafik Hariri y puerto de la ciudad y todos los del resto del país durante ocho semanas.4 Donde más sufrieron las consecuencias de la guerra fue en el sur de la ciudad, de mayoría chií, donde se encuentra la Sede Nacional de Hezbollah y un gran número de simpatizantes y afiliados.

Geografía

Respaldada por el monte Líbano, Beirut está situado sobre un espolón en una estrecha llanura costera en el mar Mediterráneo. Su costa es bastante diversa, en ella se pueden encontrar playas rocosas, playas de arena o acantilados.

Beirut se encuentra en mitad de la costa libanesa con Byblos y Trípoli al norte y Sidón y Tiro al sur. Aunque está rodeada de montañas, su ubicación hace que sea de fácil acceso desde casi cualquier lugar del Líbano.

Clima

Beirut tiene un clima mediterráneo caracterizado por un verano caluroso y seco, otoños y primaveras suaves y unos inviernos frescos y lluviosos. Agosto es el mes más caluroso del año con una temperatura máxima media de 29 °C, siendo enero y febrero los meses más fríos, con una temperatura mínima media de 10 °C. Durante la tarde, el viento sopla del oeste, proveniente del mar y en dirección al interior. La dirección del viento se invierte al llegar la noche.

El invierno es la estación del año más lluviosa, siendo las precipitaciones más abundantes a partir de diciembre. La media anual de precipitaciones es de 860 mm. Las lluvias suelen producirse de forma torrencial, concentrándose en pocos días.

Religión

La ciudad es una de las más diversas de Oriente Medio, dividida casi al 50% entre cristianos (Católicos (maronitas, católicos armenios, católicos romanos, católicos coptos) Ortodoxos (ortodoxos antioquenos, ortodoxos griegos), cristianos armenios, cristianos coptos y protestantes) al este, y musulmanes (sunníes, chiitas) y drusos localizados al oeste y sur. Unos 40 judíos, remanentes de la otrora pujante comunidad judía libanesa, viven en el Gran Beirut.

Muchas de estas religiones son minoritarias, por ejemplo, la mayoría de los judíos de Beirut emigraron a Francia, Israel, Canadá y los Estados Unidos tras la guerra civil libanesa que se inició en 1975, estimaciones actuales de la población judía calculan que habitan la ciudad menos de 40 judíos [cita requerida]. Los católicos armenios, católicos romanos, todos los coptos y los aún más escasos protestantes tienen una presencia insignificante en comparación con las otras religiones. A todos los efectos, el Líbano sólo tiene siete grandes religiones (musulmanes sunitas, musulmanes chiitas, drusos, maronitas católicos, ortodoxos, católicos griegos ―melkitas― y cristianos armenios). Aunque el Líbano es un país laico, los asuntos familiares, como el matrimonio, el divorcio y la herencia siguen siendo tramitados por las autoridades religiosas en representación de la fe de cada persona. El matrimonio civil se rechazó por unanimidad por las autoridades religiosas, pero el matrimonio civil celebrado en el extranjero es reconocido por las autoridades civiles libanesas.

Beirut ha padecido una historia de luchas políticas, debidas a las divisiones religiosas. La religión ha dividido tradicionalmente a la sociedad libanesa, lo que se hace evidente tras la prolongada guerra civil.

http://es.wikipedia.org/wiki/Beirut

https://en.wikipedia.org/wiki/Beirut

http://fr.wikipedia.org/wiki/Beyrouth

http://ar.wikipedia.org/wiki/بيروت

Pinche para ver las Fuentes seleccionadas

Vídeo:

Web recomendada: http://www.beirut.com/

Contador: 6821

Inserción: 2013-03-31 14:41:22

 

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