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Damasco

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Localización:
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Tipo: Urbanismo

Categoría:

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Voto:

Ratio 4/5 (1 Voto)

Continente: Asia

País: Siria

Localización:

Año: 2500 a. C.

Estado: Terminado

Descripción:12 de octubre de 2010

11 cosas que hacer en Damasco

1. Pasear por la Damasco de Rafik Schami

La capital de Siria está reflejada de una manera tan emocional, tan cercana, tan viva en los libros de Rafik Schami (en particular, en esa maravilla que es El lado oscuro del amor) que su visita tiene que ir necesariamente de la mano del autor sirio-alemán.

En cada uno de sus libros son los olores, sabores y sonidos de Damasco los que afloran en cada capítulo, añadiendo gentes e historias que transforman la Damasco real en un escenario de cuento.

Schami recorre en particular el barrio cristiano de Bab Tuma y ahí nos dirigimos con interés, con ganas de captar ese espíritu de libro… que se queda entre las páginas del mismo. Bab Tuma no es sino el nombre de una de las antiguas puertas de Damasco. Pero hay más.

De hecho, es la Puerta de Bab Sherqi (o Puerta del Este) el inicio de la tradicional Calle Recta, la avenida cristiana en Damasco, con curiosos comercios en cada lado, edificios de terrazas de madera, gentes que pasean lentamente y vehículos a cual más asombroso. La Calle Recta (hoy calle Bab Sherqi) es el antiguo Decumano romano y esto se nota enseguida: es la única gran vía recta en el barrio cristiano, que recuerda poderosamente a los barrios árabes por lo intrincado de sus callejuelas.

Tanto en la calle recta como en las que de ella salen, aparecen escenas dignas de los libros de Schami: ancianas vendiendo fruta en la calle, chavales pelando higos chumbos para ofrecerlos a los viandantes, vírgenes en muchas esquinas (protegidas en pequeñas hornacinas), carteles en árabe aviejados, damascenos sentados descansando a la puerta de sus variadas tiendas (ya tengan éstas forma de coche, de ultramarinos o de chatarrería).

Y así parecen ver pasar la vida. Aunque Damasco es una ciudad animada, en las calles del barrio cristiano todo parece ir más lento, desde el viejecillo que te vende puertas antiguas o llamadores con forma de mano de Fátima hasta el que vende alfombras tomándose un té.

Muchas de las puertas han quedado integradas en las calles, incluida la propia Puerta de Santo Tomás, la Puerta de Bab Tuma, que da nombre al barrio cristiano. En su interior se pueden encontrar unas cuantas iglesias y monasterios de diferentes comunidades: maronitas, ortodoxos, armenios… Muchas iglesias recuerdan más a mezquitas que a las tradicionales de occidente.

Entre todas ellas, destacan dos capillas por su interés (más o menos) histórico: la Capilla de San Ananías (aquí, a la izquierda) construida sobre la Iglesia de la Cruz, que a su vez se construyó encima de la casa de aquel que bautizó a San Pablo y le devolvió la vista y la Capilla del propio San Pablo, construida allá donde éste escapó en una cesta de sus perseguidores una vez convertido.

La Capilla de San Ananías ha quedado, con el paso del tiempo, por debajo del nivel del suelo de la ciudad y por eso se accede a ella a través de unas escaleras empinadas. Abajo, una curiosas viñetas cuentan la historia de la conversión de San Pablo para aquellos, como yo, ignorantes de tal historia.

Salimos de nuevo hacia el Barrio Cristiano, donde las casas de grises fachadas, los balcones de madera y los damascenos vendiendo hojas de parra nos acogen de nuevo. Qué fácil es perderse por Bab Tuma. El final de la Calle Recta, por cierto, es un Zoco (el Midhat Pasha), animado y menos turístico que el mayor de los Zocos de Damasco, el Hamidie.

2. Recorrer el Zoco Hamidie

Como en muchas ciudades árabes, la ciudad antigua de Damasco es en sí misma un zoco a cielo abierto (sólo que techado en ocasiones). El Zoco más importante de la ciudad es el Zoco Hamidie (llamado así en honor al Sultán turco Abdel Hamid, bajo cuyo mandato se construyó en el XIX) y por la misma razón es el menos “real” de todos ellos.

Damasco no es Estambul, eso está claro: muy pocos vendedores se dirigen a ti en castellano, francés o italiano. No hay carteles en otros idiomas y para pagar, hay que utilizar la lira siria. No es un zoco destinado preferentemente al turismo (porque Siria aún no está tan dirigida al mismo como otros países árabes), pero sí es el más abierto y un poquito más occidental.

Bien, la mayor parte de las mujeres van cubiertas hasta extremos realmente ofensivos. Pero si dejamos esto a un lado (a veces cuesta), recorrer el zoco se convierte en algo divertido y casi emocionante.

El zoco en realidad está abarrotado, hay un gran ambiente en sus calles anchas y en sus callejuelas. Los aguadores y vendedores de té chocan entre sí los cuencos metálicos donde sirven sus productos para llamar la atención. Corros de mujeres cubiertas y de negro recorren las tiendas de ropa. Los brillos de los objetos de metal artesanales llaman la atención desde los escaparates. Cabezas de maniquí proponen pañuelos para las damascenas.

Unas chicas venden pañuelos palestinos para recoger dinero para la causa. Las perfumerías (con colonias no precisamente de marca) hacen su agosto. Las heladerías son las que más afluencia de gente tienen… en fin, un escenario caótico y vital, típico de cualquier ciudad árabe pero multiplicado por estar donde estamos: la capital de Siria.

Pero si interesante es el Zoco Hamidie, más aún lo son los zocos que surgen de él. Mucho más centrados en productos concretos (especias, calzado, comida, joyas, telas…) en un ambiente todavía más local que el Zoco principal.

Y con alguna que otra sorpresa, como la que provoca la visita a un escondido Caravansaray, el Khan Assad Basha, una caravanera elegante y asombrosa que se abre en medio del zoco que va de la Calle Recta al Zoco Hamidie, un lugar prodigioso y armónico (ver foto inicial).

Es cierto que es frecuente encontrar en Damasco el combinado de colores negro y blanco en los materiales de construcción pero es que en este Caravasar las columnas, arcos y cúpulas abusan de este recurso de una manera excepcional, creando un ambiente exótico y encantador.

La fuente de la parte inferior contribuye a esta sensación. La posibilidad de ascender a los pisos superiores, de ver el zoco desde los ventanales enrejados, de abrir puertas a estancias donde antaño se comerció y negoció…

Una visita necesaria en Damasco, la de este Caravasar construido en 1752 por el pachá Al Azem.

Este Pachá, por cierto, es bien conocido en Damasco por otro de los edificios que llevan su nombre…

3. Visitar el Palacio Azem

Aunque ahora mismo es el Museo de Tradiciones Populares, este gran espacio en medio del barrio antiguo de Damasco es un antiguo palacio del siglo XVIII (1749)levantado por el pachá Assad al Azem. La verdad es que es francamente bonito y lo tienen muy cuidado.

Jardines, fuentes y edificios emblemáticos por los que pasear y remolonear tomando una mirinda de naranja comprada en un quiosco que hay en el interior.

En las salas hay un poco de todo, objetos antiguos y maniquíes representan escenas tradicionales sirias, labores, trabajos, escenas populares, religiosas… el café, el hammam, la preparación de la novia para la boda, el trabajo del cuero, la peregrinación a la Meca y otras tantas.

En todo caso, los escenarios reconstruidos nada tienen que ver con la distribución original de salas y habitaciones del Palacio (equivalentes a los de una tradicional casa damascena).

Las habitaciones forman dos grupos alrededor de sendos patios. En el primer caso, el Haramlek, se trataba de un área muy grande dedicada a las mujeres mientras que el Salamlek servía para recibir a los hombres que venían de visita. Los baños (Hammam) y las habitaciones de los sirvientes (Khadamlek) completan el recorrido.

4. Vestirse de adefesio para visitar la Mezquita de los Omeyas

Muy cerca de los zocos se encuentra el mayor atractivo de Damasco, su impresionante y bellísima mezquita. Ahora bien, como hay que ser muy respetuosos con las creencias de los demás, pues nada, hay que cubrirse. No es que vayamos con bermudas y chanclas, vamos normales. Pero a los hombres se les pide que se cubran si los pantalones cortos están por encima de la rodilla y a las mujeres se les pide que se cubran y que se cubran. Casi totalmente, de hecho. Un pañuelo azul para el pelo y una gabardina gris horripilante para el resto del cuerpo.

La Mezquita fue fundada en 705 dC por el Califa El Walid y por lo tanto en su construcción, diseño y decoración participaron numerosos artesanos bizantinos. De ahí la presencia recurrente de preciosos mosaicos en pan de oro y vistosos colores representando árboles, casas, escenarios… exceptuando, claro, las figuras humanas o los animales.

En el gran patio, descalzos, pulula un gran número de personas. La mayor parte, obviamente, son árabes. Ellas, cubiertas, ellos un poquito más frescos. Los niños corretean y mucha gente se sienta a la sombra de los techados y las columnas para, por qué no, dejar pasear la vista por el espléndido complejo.

Éste cuenta con tres cúpulas: la de la fuente de las abluciones, en medio (en la foto de más arriba),la cúpula de los relojes al este y la cúpula del Tesoro, la más interesante, al oeste (en la foto de la derecha). Entre ellos, sendos postes con los llamados Candelabros de Bayram (se ve uno en la foto de arriba). Y a su vez la Mezquita cuenta con tres alminares, uno otomano, otro mameluco y un tercero del siglo IX, el más antiguo conservado.

El interior, aunque llamativo, ya no nos sorprende tanto, pues se trata de la típica sala hipóstila de las mezquitas con las mujeres a un lado y los hombres al otro, con los suelos totalmente cubiertos de cálidas alfombras y con su correspondientes mihrab (hay varios) y mimbar.

Eso sí, es bastante alargada y al oeste del transepto nos espera un invitado inesperado. Una capilla de tonos dorados con cristales verdes en la que se supone que reposa la cabeza de San Juan Bautista, profeta venerado tanto por el islam como por los cristianos.

Damasco vivió una época de esplendor durante la dinastía de los Omeyas, de lo que es muestra suficiente esta preciosa Mezquita. Por cierto que, aún dentro de la misma tenemos tiempo para encontrarnos, frente a frente, con el héroe histórico más importante de la historia del mundo árabe (al menos, de la Edad Media).

http://isla-muir.blogspot.com.es/2010/10/11-cosas-que-hacer-en-damasco.html

Explotó una burbuja en Damasco

La antigua ciudad capital siria, en plena transición del socialismo hacia una economía de mercado libre, está perdiendo su identidad debido a la especulación inmobiliaria, el éxodo de sus habitantes y la polución ambiental

DAMASCO (AP).- En el sector antiguo y amurallado de Damasco, un vendedor de alfombras que habla varios idiomas trata de convencer a unos turistas de que entren a su negocio. Se escucha el golpeteo rítmico del martillo de un artesano que trabaja en una bandeja de plata. Una mujer hace las compras en una feria, parando en una carnicería, una panadería y un puesto de venta de aceitunas.

En la encantadora parte vieja de la capital siria hay un delicado equilibrio y los turistas recorren callejones y mercados cubiertos sin alterar la vida del barrio. Pero este distrito, en el centro de lo que se cree es la ciudad habitada ininterrumpidamente más antigua del mundo, corre peligro de perder su personalidad.

Inversionistas agresivos llenos de dinero han provocado una escalada tal en los precios de las propiedades que los residentes de siempre están vendiendo sus casas y yéndose a otra parte. Otros le escapan a la contaminación y la congestión derivadas de decenas de restaurantes y hoteles boutique para gente adinerada, tanto turistas como sirios.

La ciudad vieja –que según un cálculo tiene hoy 30.000 habitantes, la mitad de lo que tenía hace 15 años– peligra como consecuencia de la desorganizada transición del socialismo hacia una economía de mercado libre, que comenzó a principios de la década del 90 y se aceleró tras la llegada al poder del presidente Bashar Assad en 2000.

El giro ideológico abrió las puertas a empresarios ambiciosos que se sintieron con derecho a hacer lo que quisiesen, al tiempo que aumentaba la brecha entre ricos y pobres.

Ahora cobran fuerza los sectores que dicen que hay que ponerle límites a la empresa privada y las autoridades tratan de encontrar formas de revitalizar la ciudad antigua, preservando al mismo tiempo todos sus tesoros. Ya hay unos 50 hoteles y 120 restaurantes, incluidas algunas imitaciones burdas de la arquitectura tradicional árabe.

"Están convirtiendo esta ciudad en un parque de diversiones –se quejó Hikmat Shatta, arquitecto educado en Francia, al describir los cambios que se están produciendo en el barrio donde pasó su infancia y en el que vive ahora–. Hay lugares por los que camino mirando al piso. Me avergüenza ver lo que está sucediendo. Estamos pasando de lo auténtico a lo ridículo’’.

Shatta vive en una casa de dos pisos del siglo XIX, y precisamente esas construcciones árabes viejas son el principal objetivo de los empresarios. Son edificios amplios y esplendorosos, con magníficos mosaicos en los pisos y techos de madera con delicadas incrustaciones. Por afuera no llaman mucho la atención, pero cuando uno entra se tropieza con algo especial.

La idea de que desaparezcan los residentes de siempre de este conjunto de callejuelas de piedra, baños turcos y sitios históricos que dan forma a la ciudad vieja es particularmente descorazonadora, porque la zona era un ejemplo de la armonía étnica y religiosa que reina en Siria. Ya no quedan casi judíos, pero cristianos y musulmanes viven en paz, con sus templos a veces pegados el uno al otro.

Los sitios históricos reflejan la diversidad del lugar. La mezquita Omayyad, del siglo VIII, ocupa un lugar que previamente albergó un templo dedicado al dios romano Júpiter y una iglesia cristiana. Se dice que en sus altares están las cabezas de Juan el Bautista y de Hussein, nieto del profeta Mahoma.

No muy lejos se encuentra la tumba de Saladino, el guerrero musulmán del siglo XII que combatió a los cruzados cristianos. En la ciudad vieja se halla también la calle donde, según la Biblia, San Pablo recuperó la vista y fue bautizado.

La ciudad vieja, que se cree está habitada desde el 5000 antes de Cristo, tiene cientos de pequeños comercios en los que se vende de todo, desde especies y joyas de oro hasta alfombras, muebles, madreperlas y maderas con incrustaciones de diseños geométricos.

Nazir Awad, de la Autoridad de Antigüedades, dice que las autoridades deben enfrentar varios desafíos: combatir la contaminación, preservar las viviendas viejas, atraer nuevos residentes y revitalizar la zona sin cambiar su personalidad.

"No es fácil, por ejemplo, eliminar el tráfico para reducir la contaminación, pero estamos limitando la actividad industrial y buscando formas de desplazarla a otros sitios, –expresó–. Necesitamos inversiones que protejan la ciudad y generen trabajos. La ciudad vieja no puede seguir siendo un sitio estrictamente residencial."

Algunos residentes de años ven con buenos ojos la llegada de obras nuevas porque dicen que la zona estaba muriendo, ya que mucha gente se iba a barrios más modernos, cansada de los altos costos de estas viviendas viejas.

Como resultado de esto, llegó mucha gente de zonas rurales pobres y el sector decayó. "Ahora tenemos el menor de dos males’’, sostuvo Samer Antoine Kozah, vendedor de obras de arte que vive en una casa de ocho habitaciones, que pertenece a su familia desde hace 150 años. "Sí, la ciudad antigua corre peligro. Pero seamos realistas: se estaba muriendo. Los restaurantes y los hoteles me cambiaron la vida, me molestan, pero le agradezco a sus dueños el que hayan venido’’, expresó Kozah, de 51 años.

Cerca de allí, el arquitecto Hakam Roukbi supervisa la restauración de una enorme vivienda estilo árabe que fue propiedad de una prominente familia judía. La casa está siendo restaurada en un proyecto de dos años y varios millones de dólares.

La vivienda, indicó, será un hotel de 22 habitaciones opulentas, para gente adinerada: "nos pasamos seis meses limpiando los escombros. Hicimos todo el trabajo con los mismos materiales empleados cuando fue construida’’. .

Hamza Hendawi

http://www.lanacion.com.ar/1100773-exploto-una-burbuja-en-damasco

La ciudad de Damasco (en árabe: دمشق; Dimashq), comúnmente conocida en Siria como ash-Sham y apodada la Ciudad del Jazmín, es la capital de la República Árabe Siria. Damasco es la ciudad contínuamente habitada más antigua del mundo.1 Entre sus atractivos turísticos sobresale la tumba de Saladino, el célebre defensor de la Tierra Santa durante la época de las cruzadas.

La ciudad es actualmente sede de tres de los cinco patriarcados orientales que reclaman la sucesión histórica de la sede de la antigua capital siria, Antioquía: el Patriarcado Greco-Ortodoxo (Iglesia de Antioquía), el Patriarcado Greco-Católico Melquita y el Patriarcado Siro-Ortodoxo Jacobita.

Historia

Conocida desde el año 2500 a. C., es la ciudad más antigua que ha sido habitada ininterrumpidamente.

La capital de Siria conoció diversas épocas de oro: en el siglo VII, por ejemplo, cuando dejó de estar en manos de la Roma de Oriente, Bizancio y pasó a ser la sede de un imperio musulmán; de aquella época es la mezquita de los Omeyas.

Damasco fue confiada en 1078 por el sultán selyúcida Malik Shah I a su hermano Tutush I, el cual a continuación conquistó Alepo y se proclamó sultán selyúcida de Siria. A su muerte, sus emiratos se repartieron entre sus dos hijos, que se detestaban. Siguió a ello la rivalidad entre los dos emiratos que continuó durante mucho tiempo hasta la extinción de la descendencia de Tutush I. Durante un largo período Damasco prefirió aliarse con el Reino de Jerusalén contra Zengi, pero el ejército de la Segunda Cruzada la asedió, y Unar, el emir de Damasco, solicitó ayuda a Nur al-Din y a Sayf al-Din, hijos de Zengi, que consiguieron que los cruzados levantaran el sitio. Tras la muerte de Nur al-Din cayó bajo el control de Saladino. Después de la muerte de éste, el emirato de Damasco estuvo en ocasiones ligado a Egipto, y finalmente fue destruido por los mongoles.

Tuvo otra edad de oro en el siglo XIII, aunque ya cien años antes, cuando Jerusalén cayó en poder de los cruzados, la ciudad se había transformado en un sitio de resistencia islámica frente a los embates del “ejército de Dios”.

Pasaron los mongoles y los mamelucos y en el siglo XVIII, ya en poder de los turcos del Imperio otomano, recobró el brillo que se había opacado un poco. De aquella época datan decenas de palacetes y residencias magníficas, nada ostentosas en el exterior pero lujosas puertas adentro.

Mucha historia cruzó por Damasco, ciudad que, además, fue durante siglos un punto obligado de reaprovisionamiento y descanso para las caravanas de veinte mil personas y diez mil camellos que iban camino de la sagrada Meca; todavía faltaba un mes por el desierto.

Guerra en Siria

Véase: Guerra de Siria y Batalla de Damasco

Después del estallido de la guerra en Siria, en el norte del país, los ataques y ofensivas comenzaron a masificarse y un ataque en la capital era inminente. A mediados de 2012, la ciudad fue invadida por los rebeldes para tener el completo control del país. Sin embargo, el ejército del presidente Bashar Al-Assad luchó arduamente contra sus enemigos y para agosto los rebeldes fueron derrotados, sin que por esto la violencia en la ciudad cesara.

Posteriormente, los rebeldes efectuaron fuertes ofensivas militares contra la ciudad; el control de la localidad es un objetivo indispensable para los rebeldes. A comienzos de 2013, la lucha en las calles se retomó y diariamente los ataques aumentan con mayor potencia. Hoy por hoy, los bombardeos impactan la ciudad y las batallas son escenas comunes para los sirios.

Clima

Siria tiene un clima mediterráneo con el verano cálido y árido; el invierno suave y lluvioso; la primavera poco lluviosa y cálida y el otoño templado y frío. El clima se hace más árido y hostil hacia el interior del país. En la costa, las temperaturas medias en julio son de 29°C y en enero de 10°C. En las estepas, donde está situada la mayoría de las ciudades, las temperaturas son de alrededor de 35° en el verano y 12° en el invierno, mientras que en el desierto la temperatura puede llegar hasta 46°. En el país entero no hay mucha lluvia, y la poca que hay, se concentra en la costa.

***

La Ciudad Antigua

La Ciudad Antigua de Damasco fue declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 1979. Ocupa una superficie de 135 hectáreas y estaba rodeada por una muralla romana, de la que perduran los lados norte y este y parte del lado sur. Se conservan ocho puertas, de las que la más antigua, Bab Sharqi, se remonta al período romano. En el sentido de las agujas del reloj, empezando por el norte, son:

Bab al-Faraj (Puerta de la liberación),

Bab al-Faradis (Puerta del paraíso),

Bab al-Salam (Puerta de la paz), como las dos anteriores, en el lado norte de la muralla;

Bab Tuma (Puerta de santo Tomás), en la esquina nordeste,

Bab Sharqi (Puerta del este),

Bab Kisan, en el sureste, por donde, según la tradición, San Pablo huyó de Damasco, descendido de las murallas en un cesto; en esta puerta, hoy cerrada, existe una capilla que recuerda el suceso;

al-Bab al-Saghir (Puerta pequeña), en el lado sur,

Bab al-Jabiya, en el suroeste, a la entrada del zoco Midhat Pasha.

Aunque la ciudad aún conserva vestigios romanos y bizantinos, la mayor parte de los 125 edificios y monumentos incluidos en la declaración de la UNESCO corresponden al arte islámico.

En primer lugar, destaca la Mezquita de los Omeyas, construida en el siglo VIII (hacia 705), uno de los lugares santos del Islam. El inmenso patio de 122 metros de largo, tapizado de lozas que pertenecieron a un monumento romano, ofrece varias exquisitas decoraciones. Entre ellas, la del tesoro, una construcción que se yergue sobre columnas y que se utilizaba para almacenar el oro del Estado.

La sala de oración de la mezquita contiene una tumba, la de Juan Bautista, caso excepcional en el Islam y vestigio de la antigua basílica de san Juan Bautista.

Según la tradición local, el minarete más alto de la mezquita, llamado minarete de Jesús, marca el lugar donde el Mesías volverá a la tierra el día del Juicio final.

A doscientos metros de la Gran Mezquita hay un ejemplo de riquísima arquitectura de diseño árabe-otomano, como es el Palacio Azem, del siglo XVIII. Hoy es un museo de las artes y tradiciones y exhibe, en las diversas salas, maniquíes que ilustran sobre la vida cotidiana en esa residencia, que perteneció al gobernador de Damasco.

La Via Recta fue en su origen el decumano de la Damasco romana; se extendía a lo largo de 1500 metros. Hoy en día, corresponde a la calle Bab Sharqi y al zoco cubierto Midhat Pasha, uno de los más importantes de Damasco. La calle Bab Sharqi, llena de pequeñas tiendas, conduce al viejo barrio cristiano de Bab Tuma; al final de la calle se encuentra la Casa de Ananías, una capilla subterránea que fue en tiempos una bodega.

La ciudad vieja está sembrada de mezquitas –en todo Damasco hay cerca de 700- de muy diversas épocas.

http://es.wikipedia.org/wiki/Damasco

http://en.wikipedia.org/wiki/Damascus

http://fr.wikipedia.org/wiki/Damas

http://ar.wikipedia.org/wiki/دمشق

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Contador: 3411

Inserción: 2013-03-30 14:00:20

 

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