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Delfos

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Tipo: Monumentos

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Ratio 5/5 (1 Voto)

Continente: Europa

País: Grecia

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Año: -600

Estado: Destruido

Descripción:Delfos, El ombligo del Mundo. (Mitología Griega)

Durante varios siglos, un recóndito enclave de la geografía griega consiguió atraer las miradas de todo el mundo conocido. Desde allí, el dios Apolo respondía a las preguntas de los fieles que consultaban su oráculo, a través de un misterioso ritual que cambió, literalmente, el curso de la Historia.

La visita al santuario de Delfos es, en la actualidad, un trámite casi obligatorio para el turista que llega a territorio griego, ávido por “devorar” miles de años de historia en sólo unos días. Ubicado a unas tres horas por carretera de la frenética y bulliciosa actividad de Atenas, Delfos contrasta con la asfixiante capital gracias al sobrecogedor espectáculo natural que constituye la ladera del monte Parnaso en la que se levanta. Cada día, miles de turistas de distintas nacionalidades, llegados en decenas de autobuses, inundan sus ruinas mientras los guías van desgranando las distintas vicisitudes históricas del lugar. Ante semejante trasiego humano podría pensarse que el recóndito y montañoso paraje, que pasó varios siglos en el olvido, vive su mayor época de esplendor.

Sin embargo, el santuario de Delfos, pese a su fama internacional, es hoy un pálido reflejo de un enclave que, en la Antigüedad, se convirtió por pleno derecho en centro religioso, cultural y político de la antigua Grecia, símbolo de identidad de todos los griegos, llegando incluso a atraer la atención de no pocas potencias extranjeras.

Aquel interés inusitado tenía su origen en el templo de Apolo, tras cuyos muros se ocultaban los secretos del oráculo del dios. Este lugar, en el que la Pitonisa era poseída por la inspiración de Apolo, emitiendo sus célebres vaticinios, fue durante siglos responsable del devenir histórico de toda Grecia y parte del mundo conocido, inspirando colonizaciones, guerras y decisiones políticas. Fue, en definitiva, el auténtico centro del mundo, tal y como aseguraba un mito de época clásica.

El Oráculo de la Diosa

Cuenta el mito que, hace mucho tiempo, en algún momento que se pierde en la memoria de los dioses, Zeus y Atenea se enzarzaron en una discusión sobre cuál era el auténtico centro del mundo. Atenea aseguraba que estaba en Atenas, su ciudad favorita, pero Zeus no estaba conforme, así que para zanjar la discusión decidió soltar dos águilas, cada una de ellas desde uno de los confines de la tierra. Tras un largo vuelo, las aves se cruzaron sobre la ladera del monte Parnaso, justo donde hoy se encuentra Delfos. Allí, en el interior del templo de Apolo, se custodió durante siglos una piedra cónica –un omphalos u “ombligo”–, que marcaba el centro del mundo y que para algunos autores pudo haber tenido un origen meteorítico, lo que explicaría que se considerara una pieza sobrenatural desde tiempos prehistóricos. Hoy el ónfalos original se ha perdido, pero en el museo del santuario se conserva una copia de época helenística.

Pese a la importancia que pudo tener para el santuario aquel relato mitológico sobre el centro del mundo, hubo otro más significativo, y que explica con mayor detalle el origen y características del santuario: el relativo al nacimiento de Apolo y el establecimiento de su oráculo en Delfos.

En la noche de los tiempos, Zeus, en uno de sus habituales arrebatos amorosos, sedujo a la titán Leto, dejándola embarazada. Temiendo la rabia de Hera, la celosa esposa de Zeus, Leto huyó hasta la isla Ortigia donde, tras nueve días y nueve noches, dio a luz a la diosa Artemisa y a su gemelo Apolo. En aquel instante, en el séptimo día del mes Bysios (febrero-marzo), una fecha que sería clave en las celebraciones adivinatorias de Delfos, una bandada de siete cisnes volaron alrededor de la isla, que fue agraciada con un nuevo nombre –Delos, “la brillante”–, en honor al dios recién nacido. Aquel fue el enclave del primer santuario del dios, en el que también se estableció un oráculo, al menos desde el siglo IX a.C.

Pero Apolo no se quedó allí, sino que decidió volar por el orbe en su carro tirado por cisnes, estableciendo nuevos santuarios a su paso. Fue así como llegó hasta Delfos, el que sería su enclave más importante. El santuario, sin embargo, estaba ya ocupado. Desde el principio de los tiempos había allí un oráculo de Gea –la Tierra–, a cargo de su hija, una temible serpiente de nombre Pitón. La lucha entre ambos fue terrible pero finalmente, Apolo logró matar a la serpiente, convirtiéndose en dios de la profecía y la adivinación, tal y como se detalla en el Himno homérico a Apolo Pítico. Sin embargo, antes de refundar allí su oráculo, Apolo se vio obligado a purificarse por haber matado a Pitón.

Con el paso de los años, la arqueología ha venido a confirmar algunos de los elementos descritos en el mito. Hoy, los investigadores saben que Delfos albergó un oráculo desde al menos el periodo micénico, en el que se rendía culto a la diosa tierra. Este detalle, avalado por hallazgos arqueológicos en forma de figurillas femeninas, viene a evidenciar el hecho de que el culto a Apolo en el lugar, que comenzó en torno al siglo VIII a.C., suplantó un antiguo culto matriarcal. Este hecho es evidente a través de diversos elementos contenidos en el mito. Por un lado, el propio nombre del santuario, Delfos, parece tener su origen en la raíz “delphys”, que significa “útero”, una clara alusión a lo subterráneo, lo femenino y lo terrenal. Por otro lado, Apolo, que se erige en vencedor, era un dios celeste, frente a Pitón, la serpiente, un animal de carácter telúrico, habitual en los cultos vinculados a la diosa madre o a la tierra.

En cualquier caso, aquella suplantación del culto matriarcal –quizá de la Gran Madre micénica y minóica–, representada por la muerte de la serpiente a manos de Apolo, no fue total. La prueba se encuentra, de nuevo, en el mito, así como las características del culto en el posterior santuario del dios. Tras matar a la serpiente, Apolo tuvo que limpiar el crimen con una purificación. Pero, además, una vez establecido el nuevo oráculo en su honor, la sacerdotisa que ejercería de transmisor de los vaticinios del dios no sólo será siempre una mujer, sino que además recibirá el nombre de Pitia (o Pitonisa), en recuerdo a la serpiente Pitón. Por otra parte, Apolo se vio obligado a compartir su culto con otras divinidades femeninas –como Atenea–, o relacionadas con el mundo telúrico originario del lugar.

El ombligo del mundo

Antes de llegar a la situación actual, en la que cientos de miles de turistas visitan el santuario, Delfos vivió en el olvido durante siglos. Tras la clausura del recinto sagrado y de su oráculo por orden del emperador cristiano Teodosio en el año 385 d.C., el lugar perdió el uso que había desempeñado durante generaciones, y en su ubicación se levantaron distintas aldeas e iglesias cristianas que fueron desdibujando poco a poco su antiguo y esplendoroso pasado, hasta que finalmente la labor de la Pitia fue poco más que recuerdo brumoso. Sin embargo, todo cambió en el siglo XVII, cuando dos viajeros llegados desde la otra punta de Europa, el francés Jacques Spon y el británico George Wheler, localizaron las ruinas de Delfos de forma casi casual. Tras el hallazgo, y con el paso de los años, otros viajeros europeos, entre los que se cuenta el célebre Lord Byron, llegaron hasta el enclave sagrado.

No obstante, no fue hasta 1860 cuando comenzaron las primeras excavaciones, primero a cargo de arqueólogos alemanes y más tarde, ya a finales del siglo XIX con los trabajos de la Escuela Francesa de Atenas.

Gracias a estos trabajos, y en especial a los realizados en el siglo XX, ya con criterios arqueológicos modernos, fueron saliendo a la luz todos los secretos del santuario, hasta ahora sólo conocidos parcialmente conocidos a través de las fuentes literarias clásicas.

Así, las excavaciones han permitido determinar que el culto a Apolo en el lugar –la dedicación a una deidad femenina habría sido muy anterior– surgió como muy tarde en el siglo VIII a.C. Desde aquella época, el recinto estuvo controlado por un colegio sacerdotal, con la Pitia al frente, hasta el que acudían peregrinos de toda Grecia con la intención de recibir los vaticinios de la sacerdotisa de Apolo. Poco a poco, y con el paso de los años, el santuario fue aumentando su importancia e influencia, hasta convertirse, entre los siglos VI y IV a.C. –su mayor época de esplendor–, en el auténtico centro del mundo para los antiguos griegos, tal y como reflejaba el mito protagonizado por Zeus y Atenea. Este apogeo se produjo tras la Primera Guerra Sagrada, cuando la Anfictionía –una liga de varias ciudades griegas–, se hizo con el control del santuario. Esta importancia del enclave, que se convirtió en todo un símbolo cultural para los griegos, no se debió únicamente a motivos religiosos, sino también políticos y estratégicos.

Así, junto a los miles de peregrinos que acudían de forma privada para consultar al oráculo sobre cuestiones personales, hasta Delfos llegaban a menudo delegaciones enviadas desde las ciudades-estado. Estas embajadas sagradas, llamadas theoríai, buscaban un vaticinio que les permitiera tomar importantes decisiones de índole política, que en la mayoría de las ocasiones tuvieron una gran trascendencia histórica. Así, tras un vaticinio del oráculo, se llegó a modificar la Constitución ateniense, se estableció la Ley básica de Esparta o se llevaron a cabo fundaciones de colonias como Sicilia.

En otros casos, las consultas eran de carácter estratégico y militar, hasta el punto de que no se iniciaba una guerra sin antes consultar al oráculo de Delfos. Curiosamente, la Primera Guerra Sagrada, que tuvo como consecuencia el apogeo de Delfos, se declaró con la excusa de un vaticinio. Otro evento bélico, la conquista de Salamina en el siglo VI a.C., fue también inspirado por el santuario, y hechos trascendentes como las Guerras Médicas o la Guerra del Peloponeso, se vieron notablemente influidos, en todos los bandos, por las revelaciones arrojadas por la Pitia en sus trances extáticos desde el santuario de Apolo.

Esta circunstancia tuvo, en no pocas ocasiones, un resultado catastrófico, pues los oráculos emitidos por la Pitonisa eran célebres por su ambigüedad, lo que llevó a tomar decisiones equivocadas. En este sentido, es famoso el caso de Filipo II de Macedonia, padre de Alejandro Magno, quien perdió la vida tras interpretar erróneamente un oráculo originado en Delfos.

Un viaje iniciático

La consulta de los fieles al oráculo no era un acto sencillo, sino que suponía un complejo proceso ritual de carácter iniciático. De este modo, para conseguir la ansiada respuesta a sus preguntas, los fieles debían seguir una serie de pasos claramente establecidos que, de no realizarse correctamente, impedían llevar a cabo la consulta con éxito. Normalmente, el proceso se iniciaba con el propio viaje, que la mayoría de los fieles realizaban a través de la llamada Vía Pítica, y que recorría distintas etapas que pasaban por Beocia y Fócide. En definitiva, se trataba de un auténtico camino de peregrinación que podría compararse, salvando las distancias, al que recorren hoy en día los peregrinos que se dirigen a Compostela. El carácter iniciático del viaje quedaba remarcado por el hecho de que los viajeros se dirigían al lugar donde se hallaba el omphalos, el “ombligo del mundo”.

Una vez llegados a las puertas del santuario, lo primero que veían los peregrinos era el recinto sagrado de Marmaria, donde se encontraba el templo de Atenea pronaia, del que hoy apenas quedan unas ruinas, entre las que destacan las hermosas columnas del tholos o templo circular. Después se accedía a la fuente Castalia, con cuyas aguas era preciso purificarse antes de consultar al oráculo, cosa que hacían no sólo los fieles, sino también los sacerdotes y la propia Pitia.

Tras la limpieza ritual se accedía al santuario propiamente dicho, y se recorría la vía pítica, salpicada por los distintos tesoros de Delfos, ofrecidos por atenienses, sifnio o sicionios en honor a Apolo. A continuación, y como paso previo a la consulta, se procedía al sacrificio de un cordero. Éste era rociado con agua fría, y si temblaba de pies a cabeza se interpretaba que el dios accedía al sacrificio. A continuación llegaba el momento de pagar la tarifa correspondiente, una cifra que variaba en función de si la consulta la realizaba un único individuo o la embajada de una ciudad.

La éxtasis de la Pitia

El momento cumbre del proceso, la consulta al oráculo, tenía lugar en el interior del templo de Apolo, el lugar más sagrado e imponente del santuario, del que hoy sólo quedan ruinas. En su interior, en un misterioso recinto denominado adyton –del que apenas se poseen datos–, se refugiaba la Pitia para entrar en trance y hablar en nombre del dios. En aquel recinto, auténtico sancta sanctorum del templo, se custodiaban hojas de laurel, la piedra sagrada u omphalos que marcaba el centro del mundo, y el trípode o trono sobre el que se sentaba la sacerdotisa para realizar el vaticinio. Aunque el consultante accedía al adyton, en ningún momento podía ver a la Pitonisa, oculta tras algún tipo de estructura, y tampoco podía plantear su pregunta directamente, sino que debía plantearla a través de los sacerdotes o prophetai. A continuación, y de una forma todavía no aclarada –ver recuadro–, la sacerdotisa entraba en trance, recibiendo la “inspiración” de Apolo y recitando unas palabras apenas inteligibles que debían ser interpretadas por los sacerdotes. La respuesta, siempre ambigua –lo que permitía acertar más fácilmente– era anotada en el libro de los oráculos, y entregada al consultante.

En las primeras etapas del santuario, las consultas al oráculo de Apolo se realizaban siempre el séptimo día del mes de Bysios –cumpleaños del dios–, pero con el paso del tiempo y el aumento de popularidad, se ampliaron a todos los días siete de cada mes, con excepción de los tres meses de invierno. Esta última circunstancia se debía a que, según el mito, en ese tiempo Apolo abandonaba el santuario, que quedaba bajo la custodia de Dionisio, cuya tumba estaba supuestamente en Delfos.

Otro de los puntos oscuros sobre el santuario se refiere a las propias adivinas. Entre los pocos detalles que se poseen sobre ellas destaca el hecho de que fueran generalmente mujeres de unos cincuenta años, simples campesinas que hasta el momento de ser escogidas para tan importante papel habían desarrollado una vida normal, incluso contando con una familia. Sin embargo, todo cambiaba una vez que resultaba elegida por Apolo para servir de instrumento a sus profecías. Entonces debía abandonar a esposo e hijos y recluirse para siempre en una vivienda situada en el interior del santuario. Por otra parte, los historiadores han logrado determinar que en el momento de su mayor apogeo, Delfos contó con tres sacerdotisas que ejercían la labor de forma simultánea.

El Ocaso de Apolo

Con el final de las Guerras Médicas llegó también el fin de la independencia política del santuario, que a partir de entonces pasó de forma sucesiva a estar controlado por distintas ciudades-estado y, finalmente, de Roma. Aquel fue el comienzo de la decadencia de un enclave sagrado que había atraído durante siglos la atención de reyes y mandatarios, tanto griegos como extranjeros, que acudían al oráculo en busca de respuestas a cuestiones trascendentes. Ya en el siglo II d.C., con el emperador Adriano en el poder de Roma se produjo un último intento por revitalizar el oráculo de Delfos. Pero aquel esfuerzo fue poco más que un espejismo. A finales del siglo IV otro emperador romano, el cristiano Teodosio, ordenó clausurar las celebraciones paganas en torno al antaño glorioso templo de Apolo. Terminaban así más de mil años de esplendor, durante los cuales aquel rincón recóndito e imponente de Grecia había sido el auténtico centro del mundo clásico, inspirando a fieles, políticos, reyes y emperadores respecto a cuestiones que cambiaron para siempre el rumbo de la Historia.

Las otras voces del Dios

Los relatos mitológicos sobre Apolo recogían no sólo las vicisitudes del nacimiento del dios, sino que también intentaban explicar a través del mito la aparición de los distintos santuarios consagrados a él. En muchos de ellos existieron también distintos oráculos a los que acudían los fieles en busca de respuestas divinas, aunque en ningún caso alcanzaron la fama e importancia del existente en la ladera del monte Parnaso.

El primero de ellos, y uno de los más destacados, se encontraba en la isla de Delos, lugar de nacimiento de Apolo según la tradición. Allí, la actividad del oráculo se desarrollaba en los meses de verano. En Patara (Licia) el santuario del dios contaba también con un oráculo y, al igual que en Delfos, era una mujer quien emitía los vaticinios tras entrar en un trance extático. La lista se completaba con otros enclaves, como los de Corinto, Tasos, Abas, Gortina o Claro, entre otros. En todos ellos, de un modo u otro, la “voz” de Apolo se dejaba “oír” a aquellos que deseaban conocer el porvenir.

El orígen de la Éxtasis

Desde hace siglos –incluso con el oráculo aún en funcionamiento–, se ha intentado ofrecer respuestas al misterioso origen de los trances de la Pitia, quien supuestamente revelaba el conocimiento futuro de Apolo. Para algunos autores, el trance adivinatorio de la sacerdotisa tenía su origen en la ingesta de ciertas sustancias alucinógenas: quizá una mezcla de laurel y miel tóxica masticada antes de la ceremonia, o bien aguas subterráneas contaminadas que se filtraban hasta el adyton. Por otra parte, otros autores han apuntado a la inhalación de ciertos gases tóxicos.

Ya en época clásica, Diodoro de Sicilia y Plutarco mencionaron que la pitonisa entraba en éxtasis a causa de unos vapores que emanaban por una grieta existente en el interior del templo. Esta hipótesis fue descartada durante mucho tiempo, hasta que en 1981 unas prospecciones geológicas descubrieron en Delfos una falla tectónica de la que podía surgir etileno. Más recientemente, en 2006, un científico italiano del Instituto Nacional de Geofísica y Vulcanología de Roma, Giusseppe Etiope, rechazaba la posibilidad del etileno, señalando como culpable del trance a una mezcla de dióxido de carbono y metano, que tendría igualmente efectos alucinógenos en la Pitia.

http://www.planetasapiens.com/?p=2915

http://www.adam-carr.net/travelindex19.html

http://www.skyscrapercity.com/showthread.php?t=461573&page=18

http://www.skyscrapercity.com/showthread.php?t=293524

http://www.skyscrapercity.com/showthread.php?t=365329

http://www.skyscrapercity.com/showthread.php?t=661812

http://www.sacred-destinations.com/greece/delphi

El Oráculo de Delfos

Desde el principio de los tiempos, el hombre ha deseado conocer su destino por anticipado. Esto ha hecho que surjan en todas las culturas, distintos métodos y creencias relacionadas con el arte adivinatorio: estudio del vuelo de las aves, los movimientos de las llamas, las entrañas de los animales, etc.

Durante mucho tiempo, fueron los oráculos los encargados de despejar las dudas sobre el futuro. Temidos y venerados, a la vez, a partir del siglo X a. C. pasaron a ocupar un lugar importante dentro de la sociedad griega. El más importante de ellos fue El Oráculo de Delfos. Se creía que en la zona de Delfos había un oráculo de Gea, que profetizaba desde el interior de una cueva sagrada protegida por Pitón, la gran serpiente surgida del barro dejado por el diluvio que destruyó a casi todos los humanos.

A partir del siglo X a. C., Gea es sustituída por Apolo (hijo de Zeus y Leto). Apolo, luego de escalar el monte Parnaso, mata a la serpiente para hacerse con su sabiduría. En memoria de Gea y para honrar a la gran Pitón, designa a una mujer como sacerdotisa principal para salvaguardar el oráculo. A esta mujer se la conoció como Pitia o Sibila, la cual ofrecería sus profecías desde una roca.

El Oráculo de Delfos se ubicaba en lo que fue la desaparecida ciudad de Delfos, al pie del monte Parnaso. De entre las rocas de la montaña brotaban manantiales que formaban fuentes. La más conocida era la Fuente Castalia, rodeada de un bosque consagrado a Apolo. Cuenta la leyenda que en dicha fuente se reunían Las Musas y las náyades para cantar y recitar poesías acompañadas del dios.

La Pitonisa

La Pitonisa era la sacerdotisa a cargo del templo, la cual transmitía a los mortales las predicciones del oráculo.

No se sabe mucho acerca de las pitonisas, ya que no se conservan relatos de encuentros con las sacerdotisas. Sí se sabe que los primeros Oráculos de Delfos eran jóvenes vírgenes y atractivas. Una de estas jóvenes abandonó el templo al enamorarse de un muchacho, por lo que se decidió que las futuras sacerdotisas fueran mujeres de mediana edad elegidas según su conducta irreprochable. El nombramiento era vitalicia y las obligaba a vivir de por vida en el santuario.

La Pitonisa atendía, en un principio, el día 7 de enero de cada año, día que coincidía con el nacimiento de Apolo. Sin embargo, durante el apogeo del oráculo, se comenzó a atender 9 veces al año (entre los meses de febrero y octubre) y se nombraron 3 pitonisas para que se pudiera atender con holgura las consultas de los creyentes.

No se sabe mucho sobre los rituales que se seguían dentro del templo. Sí se conoce que la Pitonisa se sentaba en un trípode ubicado en el fondo del templo, más precisamente sobre una grieta en la roca, de la que emanaban gases que aspiraba la pitonisa. El consultante tenía una entrevista previa con la sacerdotisa unos días antes de la predicción.

El trabajo de la pitonisa exigía gran dedicación. La preparación de la sacerdotisa consistía en rituales de preparación y sugestión psicológica. Por la tarde, antes de la caída del sol, el oráculo se bañaba en el torrente de Castalia y ayunaba para alcanzar la inspiración divina. Los consultantes también se bañaban en el torrente de Castalia y realizaban un ritual previo para saber si Apolo deseaba atender a sus ruegos.

Antes de la aparición del oráculo, se realizaban sacrificios en el altar del templo. El sacrificio consistía en presentar una cabra ante el altar y derramar un cubo de agua sobre su cabeza. Si el animal temblaba, era señal de que Apolo respondería a las súplicas de los consultantes. Momentos después, la Pitia ingería hojas de laurel, lo que suponía que lograba sumergirla en el trance. De esta manera, la Pitonisa comenzaba el proceso de purificación. Luego de esto, la mujer era conducida al trípode, cuyos pies simbolizaban los 3 períodos de tiempo controlados por Apolo. A medida que la sacerdotisa inhalaba los gases que emanaban de la roca, actuaba como si fuera poseída por un espíritu. Cuando la Pitia lograba calmarse, luego de agitadas convulsiones en medio de gritos proferidos mientras rasgaba sus vestiduras, adoptaba una postura majestuosa, con la mirada perdida. En este momento, el consultante era llevado a su presencia y ella pronunciaba la profesía.

Las predicciones de la Pitia era pronunciada en forma de versos hexámetros, construida de manera ambigua, lo que dificultaba interpretación. La Pitonisa era acompañada por 5 hossi, los cuales registraban cada sonido y movimiento emitido por la Pitia para lograr la interpretación de la predicción.

Estos hossi eran hombres santos, designados escribas para registrar los detalles de la adivinación. Esta designación era vitalicia y, generalmente, eran descendientes directos de Deucalión.

El gran enigma del oráculo era la exactitud en las predicciones. Esto es lo que desconcierta a los estudiosos de la actualidad. Era tal la fe puesta en el oráculo, que cuando fallaban las predicciones, se culpaba a las interpretaciones que se hacían de las predicciones del oráculo.

Curiosidades

Sibila:Según cuentan los testimonios, Sibila fue el nombre del a primera pitonisa del oráculo. Su nombre se generalizó a tal punto que se utilizó como nominativo del cargo de la sacerdotisa.

Oráculo de Creso: Creso fue el último rey de Lidia. Este rey se dirigió a Delfos para recibir consejo del oráculo acerca de su intención de invadir Persia. La respuesta del oráculo fue la siguiente: "Si cruzas el río Halys, destruirás un gran imperio". La profesía fue interpretada como favorable, lo que hizo que Creso se encaminara a la conquista de Persia. Sin embargo, los persas destruyeron su ejército y se quedaron con las tierras de Lidia. De esta manera se cumple el vaticinio del oráculo: Un gran imperio fue destruido. Sin embargo, hay que enfatizar el hecho de la ambigüedad de las profesías, lo que llevaba a interpretaciones convenientes por parte de los intérpretes.

Decadencia del oráculo: En tiempos de la Grecia clásica, se consideró al oráculo como un elemento pagano, lo que llevó a la intención de ridiculizarlo para que la gente dejara de acudir a él. Es por esto que muchos escritores lo describían como un lugar ubicado en una grieta en la roca de la cual emanaban gases tóxicos que sumergían a la sacerdotisa en un estado de embriaguez y obnubilación. El trance que alcanzaba la pitonisa lo atribuían al hecho de masticar hojas de laurel. La verdad es que no se han hallado registros de escritores griegos que hagan referencia al oráculo. De hecho, los estudios arqueológicos realizados en la zona no afirman que no existe ninguna grieta profunda en la roca de la que puedan emanar gases tóxicos.

http://www.civilopedia.com/historia/grecia/arquitectura/cultura/el-oraculo-de-delfos/

Delfos (en griego Δελφοί, Delfoi, latín Delphi) es un sitio arqueológico —que está declarado Patrimonio de la Humanidad—, y una moderna ciudad de Grecia. En épocas antiguas era el lugar del oráculo de Delfos, dentro de un templo dedicado al dios Apolo. Delfos era reverenciado en todo el mundo griego como el lugar del ónfalos o centro del universo.

Ubicación

Fue una ciudad de Fócida, a un lado del monte Parnaso y al otro lado del Cirfis. Delfos se ubica en una meseta en la ladera meridional del monte Parnaso, adyacente al santuario de Apolo, el lugar del oráculo. Esta proyección semicircular se llama Fedríades Phaedriades, es decir, las Resplandecientes. Son unas peñas altísimas que se llaman, respectivamente, la Flemboukos (la Flameante) y la Rhodini (la Roja) por los vivos reflejos que arranca de ella el sol.

Frente al santuario se abre el estrecho valle del río Pleistos. La ciudad de Delfos estaba en medio de las dos estribaciones montañosas y los antiguos comparaban su posición con un teatro. Hoy está cercana la ciudad de Kastri. A unos 15 km al sudoeste de Delfos está el puerto de Cirra, en el golfo de Corinto.

La ondulada llanura de Crisa, cubierta de verdes olivos, que se extiende entre Delfos y el no lejano golfo de Corinto, contrasta con el paisaje severo y agreste del santuario. Aquí se encuentra la carretera que lleva de la Grecia oriental al mar Jónico, y la que desde el norte conduce a Itea y el Peloponeso.

La ciudad era casi inaccessible, pero tenía tres caminos que llevaban a ella: uno desde Beocia llamado Skiste, al este, y dos más al oeste desde Anfisa y desde Crisa. Los peregrinos que venían de Cirra lo hacían por el tercer camino.

El único lado de la ciudad no defendido por accidentes naturales era el sur, donde se había construido una muralla. La ciudad era pequeña y no tenía más de 3 km de circuito. El templo estaba bajo la ciudad junto a las rocas Fedríades, en medio de les construcciones sagradas o recinto del templo, recinto circundado por una muralla y atravesado por la vía sagrada, flanqueada de los edificios de los tesoros (tesaurus) de los pueblos vinculados al oráculo; la vía sagrada llegaba al templo, hexástilo de orden dórico, y daba entrada a un recinto subterráneo donde, delante del ónfalos, la Pitia después de beber agua de la fuente Castalia, hacía su profecía en medio de emanaciones gaseosas que salían de una hendidura de la roca.

Historia

La mitología dice que Delfos perteneció a diversos dioses antes de ser posesión de Apolo. Esquilo dice que perteneció a Gea, Temis; Pausanias dice que fue un oráculo de Poseidón y de Gea, que ésta dio su parte a Temis y Temis a Apolo, que más tarde obtuvo de Poseidón la otra parte a cambio de la isla de Calauria. En este Lugar se realizaban Actos Lujuriosos (Sexuales), Para que la raza humana siguiera y no se extinguiera.

La leyenda de la fundación del templo se sabe por Homero, que dice que Apolo quería fundar un oráculo y llegó a Crisa, cerca del monte Parnaso, y le agradó el lugar y comenzó a construir el templo que se acabó bajo la dirección de dos hermanos, Trofonio y Agamedes. Apolo mató a las serpientes que infectaban el lugar y a un monstruo (la serpientre Pitón), y abrió el templo que fue llamado de Pitón, y su dios Pitón (Pytho). Apolo se convirtió en delfín para atraer a un barco cretense, del que quería utilizar a la gente como sacerdotes; los cretenses desembarcaron y fundaron Crisa y se les encargó ser sacerdotes del templo y que adorasen al dios bajo el nombre de Apolo Delfinio para rememorar su conversión en delfín, de donde vino el nombre de Delphi.1 Otra propuesta acerca del origen del topónimo de Delfos es la que propone que viene de Delfine (Δελφινης), que era el nombre del dragón mitológico que custodiaba el oráculo antes de la llegada de Apolo.2

Crisa tenía el dominio sobre el santuario de Pitón y cuando el consejo de la Anfictionía comenzó a tener sus reuniones de primavera allí, conservó el dominio y se convirtió en guardiana del templo. Al lado del santuario se formó una ciudad que pronto reclamó administrar el templo sin intervención de Crisa; al mismo tiempo Cirra, el puerto de Crisa, se hizo más grande que la misma ciudad, la cual entró en decadencia, mientras Delfos y Cirra aumentaban. Hacia el 595 a. C., Crisa era ya, seguramente, una ciudad poco importante. Este año Cirra fue destruida por orden del consejo anfictiónico y la llanura de Cirra fue declarada sagrada y al servicio del templo. Desde entonces se celebraron unos juegos llamados Juegos Píticos (Pythis), que se hicieron bajo la dirección del consejo anfictiónico, cada cuatro años, siendo los primeros en 586 a. C. En la llanura de Cirra se hacían exhibiciones de caballos de raza y otros animales y estaba el hipódromo y el estadio (este último fue trasladado más tarde a la ciudad de Delfos. Hacia esta época Delfos ya era una ciudad-estado independiente gobernada por magistrados naturales de la ciudad.

La población de Delfos venía en gran parte de Lykoreia, una ciudad del Parnaso, dirigidos por Deucalión, supuesto jefe de la nobleza local. Cinco sacerdotes locales, llamados Hosioi, eran elegidos entre la descendencia de Deucalión y eran los jefes del oráculo y el templo. La ciudad de Lykoreia estaba en el sitio de la actual Liakura, y se supone que fue una ciudad dórica y que los habitantes de Delfos tenían este mismo origen (se sabe que hablaban dórico, y ciertamente no eran focidios).

El gobierno de Delfos estaba en manos de las famílias nobles que además tenían el control del oráculo. Más tarde, entre los nobles se escogieron los magistrados y entre estos se escogía un rey, más tarde llamado Pritano (Prytanis). En los últimos tiempos aparecen unos arcontes y un senado.

Vista del estadio del santuario de Delfos, usado para los Juegos Píticos.

El gobierno de Delfos era teocrático. El templo y su dios poseían extensos dominios de tierra que eran cultivados por esclavos del templo; además los sacerdotes recibían regalos de reyes y hombres ricos que iban a consultar el oráculo, y ofrecían sacrificios. La riqueza de la ciudad hizo decadentes a los ciudadanos. El oráculo se consultaba desde el siglo VIII a. C. y la fama se extendió rápidamente por las naciones vecinas; algunos reyes o personajes relevantes enviaban embajadas a preguntar el parecer del dios. Casi todas las colonias griegas fueron fundadas bajo la influencia del oráculo, y después Apolo era el patrón de las nuevas colonias. Giges de Lidia hizo importantes donaciones al templo, pero las más importantes donaciones fueron las de Creso. La (ciudad etrusca de Caere tenía un tesoro en Delfos. Incluso el último rey de Roma, Lucio Tarquinio el Soberbio, consultó el oráculo.

En el 548 a. C., el templo fue destruido por el fuego. El consejo anfictiónico decidió reconstruirlo mucho más grande y magnificente. Delfos había de pagar el coste y el resto lo habían de pagar otras ciudades y reinos; el coste fue de 300 talentos y la ejecución fue encargada a la familia ateniense de los Alcmeónidas, que entonces vivían en el exilio. El arquitecto fue el corintio Espintaros. Gran parte fue hecha con mármol de Paros.

En 480 a. C. los persas llegaron ante Delfos. Los ciudadanos huyeron al monte, pero el oráculo prohibió mover los tesoros del templo.Seis habitantes quedaron en Delfos para defender el templo. Cuando los persas avanzaban se sintió un trueno espectacular y cayeron unas piedras de la montaña y aplastaron a muchos persas; éstos, presas del pánico, huyeron y fueron perseguidos por dos guerreros de gran tamaño que los habitantes dijeron que eran los héroes Filacos y Autonoos, cuyos santuarios estaban cerca.

En 373 a. C. fue destruida por un terremoto, pero fue reconstruida.

En 357 a. C. los focidios fueron sentenciados por el consejo anfictiónico a pagar una gran multa por haber cultivado parte de la llanura sagrada de Cirra. El jefe focidio Filomelo, convenció a sus compatriotas para completar el supuesto sacrilegio ocupando el templo de Delfos; Filomelo, llevó a término la conquista y se apoderó de todos los tesoros. Eso originó la guerra sagrada. Primero, los focidios no querían utilizar los tesoros, pero después, bajo presión de tebanos y locrios, convirtieron los tesoros en dinero para pagar a los soldados. Filipo II de Macedonia, general del consejo anfictiónico, ganó la guerra y devolvió el templo a la anfictionía (346 a. C.), con los tesoros que quedaban. Los focidios fueron sentenciados a devolver los tesoros (unos 10.000 talentos) con pagos anuales, pero los focidios eran demasiado pobres para poder pagar una cantidad tan grande.

Un nuevo terremoto lo volvió a dañar en 330 a. C. y fue reconstruido por los arquitectos Espintaro, Jenodoro y Agatón de Corinto.

En 279 a. C., Delfos fue atacada por los (gálatas) dirigidos por Breno, tentado por las supuestas riquezas del templo (que ya no eran las mismas después del 346 a. C.), pero fue rechazado de manera sobrenatural como lo fueron antes los persas, al caer grandes rocas desde las montañas.

En el siglo III a. C. recibió el patronazgo de los reyes de Pérgamo. Durante dicho siglo pasó al control de la Liga Etolia hasta que en 189 a. C. cayó en manos de Roma.

Más tarde, en 86 a. C., fue saqueada por Sila, que también había saqueado Olimpia y Epidauro. En esta época ya era muy pobre.

A mitad del siglo I fue saqueada per Nerón, que se llevó 500 estatuas de bronce, y le separó la llanura de Cirra, que repartió entre sus soldados, y abolió el oráculo. Pero Adriano, más tarde, lo restauró y volvió a tener cierto renombre y esplendor por un tiempo. En tiempos de Caracalla dejó de emitirse moneda en Delfos. Constantino el Grande se llevó algunas figuras para su nueva capital. Juliano el Apóstata aún consultó el oráculo, pero finalmente fue suprimido por Teodosio I el Grande en 385 al prohibir el culto pagano.

http://es.wikipedia.org/wiki/Delfos

El oráculo de Delfos fue un gran recinto sagrado dedicado principalmente al dios Apolo que tenía en el centro su gran templo, al que acudían los griegos para preguntar a los dioses sobre cuestiones inquietantes. Situado en Grecia, en el emplazamiento de lo que fue la antigua ciudad de Delfos, al pie del monte Parnaso, consagrado al propio dios y a las musas, en medio de las montañas de la Fócida, a 700 m sobre el nivel del mar y a 9,5 km de distancia del golfo de Corinto.

De las rocas de la montaña brotaban varios manantiales que formaban distintas fuentes. Una de las fuentes más conocidas desde muy antiguo era la fuente de Castalia, rodeada de un bosquecillo de laureles consagrados a Apolo. La leyenda y la mitología cuentan que en el monte Parnaso y cerca de esta fuente se reunían algunas divinidades, diosas menores del canto, la poesía, llamadas musas junto con las ninfas de las fuentes, llamadas náyades. En estas reuniones Apolo tocaba la lira y las divinidades cantaban.

El oráculo de Delfos influyó en gran manera en la colonización de las costas del sur de Italia y de Sicilia. Llegó a ser el centro religioso del mundo helénico.

La Fócida o Focia es una antigua región del centro de Grecia atravesada por el gran macizo del monte Parnaso. En época de la Grecia clásica una parte de esta región, la que está situada al pie de dicho monte, tenía el topónimo de Pyto (o Pito), en griego Πυθω. Este lugar es el conocido como Delfos, es decir, Pyto y Delfos son sinónimos.

El puerto de Itea era la puerta al mar más cercana a Delfos.

El nombre de Pito fue tomado de la serpiente Pitón (Πυθων) que vivía en una cueva de estos parajes y a la que el dios Apolo dio muerte para apoderarse de su sabiduría y ser él quien presidiera el oráculo. La mitología cuenta que después de dar muerte a la serpiente, Apolo guardó sus cenizas en un sarcófago y fundó en su honor unos juegos fúnebres que se llamaron Juegos Píticos. Más tarde corrió la leyenda de que ese sarcófago se hallaba enterrado debajo del ónfalos, piedra cuyo nombre significa "ombligo del mundo", en el templo de Apolo en Delfos. De este nombre derivó el de Pitia o Pitonisa (Πυθια), nombre que se le fue dando a las mujeres que interpretaban las respuestas, es decir el oráculo. Al templo de Apolo se le llamaba también Pition (Πυθιoν) y al mismo Apolo en Delfos se le llamó "Apolo Pitio".

Hay diversas propuestas acerca del origen del topónimo de Delfos. Una de ellas propone que viene de Delfine (Δελφινης), que era el nombre del dragón mitológico que custodiaba el oráculo antes de la llegada de Apolo.1 También se ha escrito que su origen parte de un mito según el cual Apolo se convirtió en delfín para atraer a un barco cretense, del que quería utilizar a la gente como sacerdotes; los cretenses desembarcaron y fundaron Crisa y se les encargó ser sacerdotes del templo y que adorasen al dios bajo el nombre de "Apolo Delfinio" para rememorar su conversión en delfín.2 Al templo de Apolo se le llamó igualmente Delfinion (Δελφίνιoν).

***

El ónfalos

El ónfalos es el ombligo del mundo. La leyenda cuenta que el dios Zeus mandó volar a dos águilas desde dos puntos opuestos del Universo. Las águilas llegaron a encontrarse aquí, en Delfos, donde una piedra cónica llamada ónfalos señala el lugar. La piedra, en forma de medio huevo, fue encontrada durante las excavaciones cerca del templo de Apolo. Estas piedras representando el ombligo del mundo eran un símbolo del centro, del lugar donde empezaría la creación del mundo. Al colocarlas en un determinado espacio, lo sacralizaba y lo convertía en el centro religioso. En el caso del ónfalos de Delfos, así fue y este santuario se convirtió en el ombligo o centro religioso de toda Grecia.

En algunas monedas encontradas en el recinto se puede ver la imagen del ónfalos, esquematizada y representada por un punto en el centro de un círculo.

La piedra encontrada se halla expuesta en el museo de Delfos.

http://es.wikipedia.org/wiki/Oráculo_de_Delfos

http://algoritmodevida.blogspot.com.es/2007/09/el-ombligo-del-mundo.html

http://web.usal.es/~hvl/Mitos/apolo.htm

http://grecia.viajeblogs.com/2008/07/16/el-oraculo-de-delfos/

http://apuntesde.com/grecia/historia-de-la-antigua-grecia-delfos/

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Web recomendada: http://www.civilopedia.com/historia/grecia/arquitectura/cultura/el-oraculo-de-delfos/

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